martes, 18 de julio de 2017

Reseña a UN CUÁNTICO ALETEO EN LA BOCA




Vamos a ver si nos aclaramos o seguimos y seguimos ciscándonos con los peldaños de una historia y otra historia, siempre lateral y contundente pétalo de las formas antiguas en las que, con tanta comodidad, nos desenvolvemos. 

Particularmente, después de haber vivido en un segundo sin ascensor, a mí me da lo mismo sobrevivir o no al cielo de los inocentes acusados o al infierno de los tíos o las tías buenas; mis dedos, de sobra saben cómo han de moverse entre tus mariposas, como han de dibujar tus constelaciones, como han de morir para vivir entre tus dedos. 

Y puesto que sucede ahora, lo mismo que sucedió siempre. Y puesto que vuelvo a no estar dentro; ni al lado ni cerca ni nunca de la burbuja de tu consciencia o inconsciencia; me voy a dar un baño lejos de las multitudes, alrededor de tus miradas. 

Expuesto lo cual, ya os puedo decir que: UN CUÁNTICO ALETEO EN LA BOCA vino a ser todas y cada una de las pretensiones posibles o imposibles que acercan, sin ser fácil, ya lo advierto, la locura o realidad estacionada en mí cabeza, mientras, espero que te cambies de calzado para ir, en la tarde, a pasear. Y parece, ¡mira tú por donde!, a mí no me sorprende, pero así se escribe, que se ha convertido en toda una renovación y revolución de dichos y redichos, de luces y de sombras, de veintinueve segundos, de cinco en cinco mundos que lo van dando forma, hasta conseguir así, alcanzar esas veintinueve distancias tratables o intratables de las que está compuesto, de las que se habla: o bien bien, o mal mal y se escriben tesis. 

Bueno. Vale. Digamos que para la comida rápida, la que hoy está de moda, es complicado digerir. Que me importa poco ser, o no ser mortal o inmortal. Que cuando se lee por primera vez, solo se raspa la superficie de su verso, distinto, contundente, fuera de los recorridos habituales, ya lo digo, tan distinto a todo lo que hasta hoy estáis o no acostumbrados, que acaso, antes de ir al curro, no os de tiempo para hacer la digestión. ¿Y sabéis qué? Lo bueno de no esperar nunca nada, es que no se tiene que dar a nadie explicaciones, que todo fluye hasta tropezar con la historia, aunque, esta, venga de forma natural, de cinco en cinco segundos hasta completar veintinueve complicaciones. 

Para que no os pille desprevenidos, ya os lo suelto aquí, a plena luz, a instante y fuerza, a palabrajos cara a cara, UN CUÁNTICO ALETEO EN LA BOCA, poéticamente ha llegado para cambiar unas cuantas cosas, unas cuantas formas oxidadas de cantar y contar las cosas.