jueves, 28 de febrero de 2019

A las seis de la tarde de un lunes sin dislexia




Lo sabes, y aun así,
vuelves hasta confirmarlo.
Nadie es ni será
lo suficientemente luna,
o vitral, o burbuja
como para no ser pájaro o poeta,
en sus noches de amor,
partido en dos mitades.

lunes, 21 de enero de 2019

DE HABERME PROLONGADO





De haberme prolongado igual que tus ojeras
hubiese sido al vernos, Tribuno de la Décima Legión,
con el bolso de viaje siempre listo,
prisionero de tus muslos distantes.

jueves, 27 de diciembre de 2018

ENTERRADOR DE GUERRAS




Me quema este aire que, tanto, transito.
Me besa anárquico y confidencial,
me desnuda de urgencias, de nostalgias,
de rojos, de guiños, de multitudes,
toma impulso y no hay distancias
que no recorran sus deseos.

Es probable que mis brazos de inútil
enterrador de guerras y de brindis,
vayan hasta tu mundo de verso a saludarte,
que rodeen de mañanas tu cintura,
que frieguen los platos de la discordia
y cubran de caricias los conflictos de tu piel,
de tu geografía tan besada de agua.

Me quema tanto esta clausura de mundo,
de ciudad nuevamente edificada
sobre este tamizado terremoto
de luz y de existencias,
sobre este dos mil cuatro inteligente
que se abre luminoso en la cocina.

lunes, 24 de diciembre de 2018

ME CUENTAN TUS AUSENCIAS



Me cuentan que perdiste los domingos
y los ángeles que sin querer dormían dentro.
Que junto a tus pupilas hay una deuda
de noches y muchachos en pijama.

Que los lunes reposas
en el hall de los amores ausentes,
esa vocación de prisas y juegos,
de fiestas y locuras
de aniversario bajo tu falda.

Yo que paso y veo todas las sonrisas del mundo,
de ti me invento casi todo:
tu inocencia a través del ventanal
abierto entre los seres y las cosas.
Tu desnudez detrás de la cortina.
Los aullantes acordes de esa gota,
víctima, permanente del cristal.                     
La oscura lejanía de un susurro.

Me cuentan tus ausencias
con la intención de hacerme daño.
Me miran, como si mirasen
la noche mía, dentro de tus ojos.

martes, 4 de diciembre de 2018

A LA UNA Y CUATRO de (Un cuántico aleteo en la boca)




A LA UNA  Y CUATRO

Sobre los pechos de la bailarina,
los lenguajes de mí universo:
genuflexiones de mangas borrachos.

Calculad el castigo arañando su vientre.
Calculad los milagros, con todos sus designios,
hasta conseguir que coincidan dos corazones.

Respetables lectores:
solicito volver al nacimiento.
Solicito esperar hasta que vuelvas
de ese comodín que aún en mí late.
                 



A LA UNA Y CINCO

Así mueren los átomos,
convirtiéndose en mundos
en el instante que de nuevo
alzan la voz y nos sorprenden,
sin ansiedad, durmientes,
por aproximación e indiferencia.


De: Un cuántico aleteo en la boca

EN EL TIEMPO SIN TIEMPO




                                                                  “Que ayude la experiencia de los años
                                                                  para tocar el alma”
                                                                                               Francisco Brines

                                                                   “Vivir ya es algo”
                                                                                             Jorge Guillen

  
Aún sigo aquí. Simiente que claudica,
rastro apenas visible de la infancia,
futura inmensidad de polvo.

Sigo dulce y teológico, animal indigesto
en la memoria de los hombres todos los días.

Sigo a la sangre en su parte de color marfil.
Sigo desnudo y de ceniza, bárbaro y urgente,
despeinado en la voz mientras me descompongo.
Sigo aullido y silencio en el mismo recorrido.
Otra vez en el mismo recorrido.
 
Deprisa, vivo casi de milagro. Deprisa, 
si borro el casi, ya no vivo.

Me condeno. Condeno y me condeno
en las dudas del ángel empapado de gozos.
En la edad donde ya casi nada hierve,
deseo sentir como vuelve a caer tu falda
ante el filo de mis párpados perecederos:
igual que una embestida juvenil
o el resplandor de sus rituales
Mi lengua necesita viajar desde el asombro
jadeante y perfumado de tu piel  
hasta el mundo incorpóreo de tu lengua.

Hoy ya, no me sostengo.
Sé que no me sostengo.
Ni aquí, ni allí, ni nunca.
Me caigo y me levanto
y vuelvo a caminar
humanísima sombra
por las aceras.

Ahora que el cuerpo ha sido derrotado
y todo se reduce a pensar y elegir bien
los efectos de alguna fantasía:
elijo la monótona discordia
augural de la noche, sus recuerdos,
el tropiezo del mundo femenino:
sus rojos aprendices del miedo en la inocencia.

Elijo sobre todo
el instante informal
en que se apaga el cirio y la sorpresa:
ese en el que se rompe el himen
sobre un confuso círculo desnudo de voces.

Elijo de los dedos,
su inasible luminiscencia:
la que se posa incendio en el escote,
de otra y otra realidad

Mientras invento 
el sumiso diluvio de los ojos
acampo en tu regazo,
casi desvanecido, me muevo en el umbral
que se aleja del medio día,
en el  último pálpito de luz,
justo en el centro del sueño y los deseos.

En lo imposible de las cosas:
hay un latir ocre, una voz y un fuego
casi, casi extinguidos.
Hay también hipotecas
que lo complican todo.
Hay lazos y costumbres
que se transgreden y se distorsionan
como un absurdo que suena a destiempo.
Hay ocasos inflexibles y volteos de angustia
al acecho de una oportunidad ebria y añil,
como si se agotasen de tanto utilizarlas.
Hay distancias que se pueden salvar con la voz.

En el tiempo sin tiempo
todo consiste en ver
y eternizar un soplo,
en seguir hasta que se agoten
los pasos verticales,
de la rutina,
en saber elegir
el acorde adecuado
al envoltorio.
En trabajar y pagar
y sacar adelante a los hijos.
a la familia, al perro y al gato.

Desconozco el afán del hombre por la materia.

Desconozco las palabras exactas
del pacto que firmaron las heridas
con la luz de la tarde y su extensión.

Desconozco los gestos apropiados
que he de utilizar para ensanchar los corazones.

Sólo sé, que es el aire y su misterio
quién los acerca cada día, originalmente
desposeídos de toda personalidad.

Sigo vacío y sin consuelo,
como esos ojos que se lanzan
desde las nubes cuando
algo dentro se quiebra.

Sigo sin alma, sigo sin ti, sigo el misterio
de estos pies que me llevan.


De: Pálpitos del tren que no vuelve

miércoles, 21 de noviembre de 2018

La calle es como el verso impredecible



La calle es otro mundo en la ventana.
En las cosas es otra resonancia.
Entre los hombres, otra intimidad.
Todo un principio en otra vuelta.
Esa impresión aromática de una sombra,
una sombra que siempre, siempre vuelve
después de amanecer removiendo claridades
en los fondos inquietos del armario.
La calle es como el verso impredecible.