miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL PARÉNTESIS // Desde el fondo del verso



PARÉNTESIS


El paréntesis o interposición, como también se le denomina, ha quebrado de manera significante, muy, pero que muy significante, sobre todo por debajo de un sol medio bizco, los bailes pretéritos de las ensoñaciones, esas que viajaron, como todos los días, entre las nueve y las diez, contigo y conmigo.

Creo recordar, que había salido del trabajo como aprendiz de la espuma que se crea cuando rompen, contra tu cuerpo, las olas; con la única intención de conducir, hasta llegar, con el dolor de mi cabeza, a ese desierto del pasado y del presente de las palabras de amor de los hombre, los que no se conforman y buscan otro futuro en esas playas de los pantanos navegables del alma, en esas donde se tumban al sol, como si deseasen que les pusiesen crema, para tostarse de uno y de otro lado. Todo, todo estaba perfectamente programado para salir corriendo, sí, todo: la lluvia, los terremotos, las mariposas; todo hasta que tú, sentándote enfrente, viniste a ser, en tres minutos, el desarrollo de una y otra historia, esa que entre dos estaciones, sin decir ni una palabra, traspasaron a mis ojos su luz, tus ojos.

Compromisos que por un instante se presentan para firmar, sobre todo, cuando se cruzan y se miran dos circunstancias: un desconocido y una desconocida que coinciden a tomar en la tarde un descafeinado para no desvelarse y tener que soñar así, casi toda la noche, la fantasía de su amor. Compromisos que al bajarte tan pronto, en la próxima estación, no tiene sentido legal ni razón ilegal de ser o dejar de ser. Miedos que se trasladan, sin previo aviso, a los rojos de las pupilas en mis escaparates, esas que se iban alejando según avanza el vagón como si hubieses salido al día sin besos ni café; excesivamente apresurada. Seguro, tan convencido de mi abstinencia estoy, que me jugaría el universo, dando por supuesto, que nunca más volveríamos a coincidir.

El paréntesis, en el poema, es el espacio donde viven las intrigas y algunas arrogancias, sobre todo esas que se desarrollan en las delicadas notas de arrullo al oído, en todas y cada una de nuestras noches, y días despistándose amorosos, esos en los que siempre quedan, al cerrarse las puertas, algunas grietas abiertas a las tentaciones. Elegantemente viste y desviste, vive y revive el paréntesis entre los adjetivos y sustantivos de las oraciones principales, para morir andrajosamente incomprendido y equivocado al comienzo de la relación de una musa ficticia.

Sí, por supuesto, también como su definición literal o enciclopédica dice: es un nombre masculino; que en su primera acepción aparece como la explicación o comentario que se intercala en un discurso o en una conversación o en un poema, que comprensible o incomprensiblemente se alarga y se alarga; acaso hasta llegar a la segunda puerta donde se presenta como un signo de puntuación que sirve para encerrar en una frase o un comentario de un texto escrito, cualquier otra vida.






lunes, 23 de octubre de 2017

NUNCA BROMEO NI OLVIDO




Nunca bromeo ni olvido. Escúchame.
Las cosas importantes, nunca pasan,
van y vienen igual que profecías
del corazón a la cabeza.
Dios, cuantas dudas has puesto en mis manos.

Muéstrame el horizonte de la cuna distante,
la inocencia sagrada de tu aliento.
Pareces infinito y frío, memoria de la luna
y los hijos que no quise tener.
¿De que sirve empaparse
de lágrimas o estrellas
cuando, el olvidadizo sol
borra, al amanecer su rastro?

En el ordenador de mi automóvil
por si cambias de idea y lo quieres abrir,
he dejado grabada, mi ruta fija en el gps,
tras tu abandono, las imágenes
y turbulencias de la noche,
los destinos de mis disculpas,
los momentos que te permitan
volver a mi, si lo deseas.

lunes, 2 de octubre de 2017

LA URNA DE MIS CENIZAS

Fuimos la brisa en las venas del hombre
hasta dormir la tarde oscura de la memoria,
hasta ganar al cenit de un único silencio;
esa luminiscencia del mundo que nos quiebra.

Ahora somos la sangre y la sed en los crepúsculos,
la sombra convalecientes de la velocidad,
el rojo manchón de un brusco frenazo,
dos cuerpos dentro de un atardecer:
serenamente, tantos instantes enamorándose.

A veces, en la mesa, faltan palabras
y sobra la voz del televisor,
del silencio que sigue siempre
a las noticias malas.

Como un aficionado a vivir de lo imposible,
me descuelgo por el patio interior
de las monotonías infinitas:
ésas, que para colmo, viven siempre
sin ascensor en el último piso,
ésas, que cada noche al viento se descapotan.

En los pasillos, a la luz cambiante
de algunas carcajadas: me apresuro,
me reinvento, me inicio antes de ahogarme,
en el fuego insolente y la caricia, del miedo que nos juzga,
en las ascuas burlonas del silencio y la sed:
en los trazados naif del día,
en tantas ocasiones: arrogante y burlón,
rutinario minuto a minuto.

Apenas si llegué del sueño
y ya está aquí, otro digno sol radiante.
Sin duda molestando.

Ignorados: los ojos mestizos del silencio,
únicamente, abren la boca para llorar
en el acantilado de algún sesudo poema.

Este apretón de manos a la tarde,
esta ovación perpetua, este faro y este aliento
que siempre tienen pies de pasear por la mejilla:
serán y serán bien, la urna de mis cenizas.
El misterio de la mañana a punto de verse
en cualquier edificio oscuro,
la sombra de la mano sobre el rostro.

domingo, 1 de octubre de 2017

LAS OCHO HORAS QUE ME OBLIGA EL CONVENIO



En el juego de las canicas, con la sombra de un hombre en su interior:
la  ausencia fue otra forma de estar muerto,
por eso todo lo que se recuerda son las nubes de nuestra historia.
Su memoria olfateando los sábados braguitas y sostenes.

Antes, mucho antes, sí, muchísimo antes
de cualquier descalabro o huracán
de pestañas pegándose a la piel de los espejos;
los labios o la lluvia como las claridades de la voz,
no nos dejaron solos nunca.

Por supuesto que no, que aquí no importa su vendible o invendible falsa igualdad,
lo que en verdad importa es como a la luz del invierno se completa.

Sí, particularmente, mañana me depilo la entrepierna.
No quiero sufrir más infartos ni vivir más ausencias
ni que contemplen mi línea de muerte
las enfermeras, pelo a pelo:
posiblemente, hermoso. Posiblemente frío y hermoso

Mira que me propuse
un escribir sencillo, un escribir
para que tu entendieses,
como ese, el que descargas de la nube
atormentada de otro nombre.

Sí, sí. Claro que sí.
Claro que voy a escribir por sorpresa, igual que las libélulas,
para australopithecus, para el lagrimal de la piara,
para los barrenderos, para las enfermeras
especialistas en transfusiones y entendimiento.
Sí, sobre todo, para el pobre despiste de las almas,
para quien soñar, es también delito.

Voy a ponerlo fácil: uno por uno, en fila de a uno.
Ya que no puedo estar contigo,
estaré con tu ausencia, cuadrúpedo a tu puerta,
boca que peina tu memoria.
Delincuente sin voz, un disfraz con posibles consecuencias.

Sí, sí, ya sé que los huéspedes no tienen derecho a ver la tele,
más, en lo referente al elástico asunto del amor:
lo reconozco sí. Sí reconozco haber fracaso estrepitosamente.
Solo fui capaz de amar a una mujer.

Pero olvidemos del pasado sus compromisos.
Impregnemos de tinta los temores,
y de equis y más equis la ironía,
y demos infinitos tragos besos
que borren el error de la ternura;
esa que fue antes de convertirse en polvo
el signo de mi luz.

Creo que nada más se crean algunas realidades
cuando al sumar, restamos de la intención del día
tres o cuatro prodigios, cinco constelaciones,
dos resacas de mar o de cerveza

Lo sabes y aun así, vuelvo y  lo confirmo.
Nadie es lo suficientemente luna ni vitral ni burbuja
como para no ser poeta o pájaro
en sus noches de amor, partido en dos mitades.

Y esta ausencia es así, menos o más que nada porque
ayer, tuvimos que vender  la cama donde nos amamos,
donde precocinamos evoluciones y más evoluciones.

Hoy, tal vez, solo a medias, para pagar la luz o el agua
o uno de todos esos vicios de los que estamos hechos;
tengamos que vender sí, nuestro cuerpo.

Mañana ya veremos que sucede.

Acostumbrado a la lectura silenciosa de las salas vacías,
tantos asientos llenos nublan mis calzoncillos,
imposibilitando a posteriori cualquier posible cita:
limpia de boca, sucia muy sucio de palabra o silencio.

Recuerdo cuando fui mortal, rana congestionada,
virus por el que muere un príncipe y todos los valores subversivos.   
Recuerdo aquella aurora rara de raros compromisos.

No digo que no compre sobre plano,
con la insolvencia de mis palabras, tu corazón.
Ese proyecto que ya está maduro en mis cosquillas.

Los sueños, siempre del futuro, nos traen complicaciones
y ese mucho de sal pimienta que falta en la rutina de un enamoramiento,
 kalashnibobo a la tartaruptura .

Voy a intentar vivir sencillo, levantar a las ocho y trabajar en mi esquina. 
Incomprensiblemente, en tu ausencia; las ocho horas que me obliga el convenio

viernes, 25 de agosto de 2017

MADRE


Despierta, sí despierta
y patalea dentro de mí.
Algo hermoso sucede,
hijo, cada mañana.

jueves, 24 de agosto de 2017

BOBILONGOS Y CHURRILUNGAS


En estas disonancias, que bien podrían ser un auténtico coñazo, nacen al sol preguntas bailarinas, como los bobilongos de los centros comerciales, con esa eternidad de llave cielo y churrilungas cargadas de inquietudes y tormentas
En la autopsia de sus ojos oscuros, hay cicatrices de la cirugía y en la sed de los mundos, calles y calles de tiendas cerradas que se alfombran con la imaginación, lanzarotes y lenguassecas que anestesian los tiempos con puños de ceniza.
En las nuevas balanzas digitales de los supermercados se alza el platillo de la sinrazón y se inclina el de la pobreza igual que siempre, contra las heridas.
Hay circunstancias mientras paso, que no terminan de mear nunca, ni de sentir el aire que renueva su nombre, ni de ver en los cines, mientras se meten mano, como se representa la historia sin firma de su abolengo, como nos hacen ser al cerrar la ventana, josecarlos culpables.

martes, 22 de agosto de 2017

SINONIMIA//DESDE EL FONDO DEL VERSO Guía para entender la poesía que viene




La Sinonimia, tras cumplir hace tantos siglos la mayoría de edad, es una figura de repetición que en ocasiones, deja libre la última semana del verano para reforzar esa idea clásica de una boda y su banquete; ayer, probablemente parisina, hoy, de un Madrid con prisas e improvisaciones, donde, llegan los novios en metro a todos los sitios, mucho antes que en limusina o coches con cientos de caballos.

En tres minutos, la sinonimia aporta matices y uñas largas al destino de la expresión principal, sugiere nuevos aspectos significativamente amplificadores, comulga con los modelos contemporáneos de un achuchón en las últimas filas. En siete minutos exactos, proporciona sensaciones de auténtica viveza, con las que, sin lugar a dudas, se desmitifican todas las formas precisas de uno u otro invento, de todos esos que hasta este instante siempre existieron.

Pero, para engrandecer la palabra poética, solo la repetición de sinónimos no dice gran cosa: ni aclara ni aligera ni ilumina ni proyecta más allá de su sombra el verso, y si por el contrario lo hincha de artificio con palabras que apenas aportan nada al enunciado; reduciendo el tempo y la atención del lector, frenando el fluir natural del poema, enquistando de uno a tres pensamientos. Y sin embargo, sí, es verdad, hay momentos y motivos por los que la composición necesita apoyarse en sinónimos próximos para redondear los abusos del día; siendo o pudiendo ser, acaso, tan solo para que revivan bestias o caricias milenarias, intenciones que se interesen por el presente certificado de autentificaciones, movimientos que licuen de burocracias las sinonimias de las administraciones.

En poesía, al ser la repetición en cualquiera de sus extensiones, uno de los principales apoyos, la mera repetición de ideas, es poco recomendable, pero allá cada cual con su firma y sus modales. Cada uno puede decidir cómo quiere que lo entierren con el dedo que pasa las hojas.


Las buenas sinonimias desarrollan aspectos de la realidad que designan la expresión inicial, al tiempo que intensifican la emoción. Se puede empezar por lo más alto y que sea el último verso el que haga referencia a la profundidad del hoyo donde reposa la caja con mis restos, o a ese cielo de los pájaros donde llevó el aire mis cenizas