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sábado, 20 de agosto de 2022

literatura_instantanea

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literatura_instantanea 


El imaginativo, original y uno de los mejores, si no el mejor poeta español actual, Maximiano Revilla (@maximianorevillavega), nos ofrece más de lo mismo en su poemario “A las seis de la tarde de un lunes con dislexias”, del 2020. Más de lo mismo, en efecto: poesía deslumbrante, un destilado cinismo y una visión crítica de lo actual, pero por encima de todo una colección de poemas excelentes, vamos, lo habitual en el autor, que con cada nuevo libro prosigue por su senda, cada vez más original, del poema entendido como carga de profundidad, emanación interna del yo lírico y reflexión ácida de realidades. Todo ello, en un texto compuesto de salutaciones y con algún adiós, donde los saludos no siempre celebran la vida, lo positivo, y las despedidas se invierten: quizás sea bueno despedirse de ciertas cosas. Pero lo que no es bueno, en absoluto, es seguir permitiendo que Maximiano duerma en los ingratos brazos del anonimato.

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martes, 17 de mayo de 2022

A las seis de la tarde de un lunes con dislexias. XLV

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XLV

Hola desesperanzas
que al desayuno forman
en fila de a uno,
contra mis despedidas,
conspiraciones
a chocolates con nata.

miércoles, 4 de mayo de 2022

CAPÍTULO VI (Fragmento)

 

                                                         


 

                                                        CAPÍTULO VI  (Fragmento)

    Entiendo que quizá debiera pedirle perdón, pero taponándome los oídos, me alejo de su contorno e intento no escuchar las risas de todos aquellos que van dentro del vagón, y de todos aquellos que han visto igual que he visto yo, como después de la carrera, justo cuando ya iba a entrar, se ha cerrado la puerta dándole el cristal, literalmente en la punta de sus rojizas narizotas. Y como avergonzado y enrabietado, ha mirado a derecha y ha mirado a izquierda esperando que nadie le hubiese visto, ni nadie estuviese mirado, y así, seguidamente se ha liado a propinar tremendas patadas a las silenciosas papeleras; esas que por supuesto, eran en su cabeza, la misma cabeza del conductor que le había dejado tirado, cerrándole de golpe la puerta. Reconozco que yo hubiese hecho lo mismo antes de resignarme, igual que lo hacía él, a tener que esperar malhumorado al próximo convoy. Y aun así, a pesar de ver las cojeras del mundo y de llegar de refilón un hálito recuerdo de mi impureza, aunque mi contaminación sea lo que me ha traído hasta este lugar, no me considero como él, ni como ellos; sino que, por algún motivo raro, llego a verme y llego a valorarme, mucho más y mucho mejor, siendo ese, el principal motivo por el que tengo miedo a que me contagien su mal, y que así, con ese mal que sabe a tierra de ayunos y de olvidos, venga y se borre y desaparezca todo el entendimiento, convirtiéndose su hábito en debilidad. Sí, cuantas más posesiones tenemos, mayor es el desfile de imágenes vueltas hacia el interior de la fatiga y del miedo que se lleva dentro.