domingo, 17 de julio de 2011

MORELIA VIRIDIS




Solo se te veía en el National Geographic,
en los tatuajes del hombre al principio del hombre,
en los terrarios donde vagamente nos conocimos,
en las páginas de algunas revistas científicas
como modelo muy, pero que muy cotizada.

Eras parte de un árbol
con el rostro de ayer al aire,
antes de que los ojos
se arrepientan de su juventud.
De ti soñaba ver todas las ramas
el sol del horizonte frente a Dios.

Sí, me duele saber que tú ahora
te exhibes en los bajos de algunos rascacielos,
con horario continuo,
allí donde se dice de las culpas
que son las alas de la tierra,
justo en la estancia que más se visita.

Cuando te conocí, recuerdo
que vivías por horas de alquiler,
y a veces en tu cintura
por el simple color de tus escamas,
se atragantaba mi perpetua bestialidad.

Aún así, por más que me interroguen
no pienso desvelar ni mi secreto ni el tuyo
vestiré tu piel hasta que me muera.