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Estimadísima amiga:
Quiero recordar que ayer en nuestro encuentro, desde las tristezas o las alegrías del amor perdido en las tardes de la infancia, que siempre fueron muy cortas, volviste a preguntar lo mismo que preguntan cientos de personas después de un tiempo sin verme. Son personas con las que tal vez coincidí alguna vez o no. ¡Qué cansancio!, ¡qué desperdicio!, ¡qué pesadez! ¡Qué displicencia!
—¿Continúas escribiendo poesía?
Y siguiendo las normas de la cortesía, me contengo. No por mí, ¿qué digo? ¡No, no! Escribir no depende de ti, ni de Dios, ni del cielo, ni del infierno, ni del tiempo, ni de la lluvia, ni del sol, ni de la salud, ni de la tierra fértil. ¿Continúas siendo tú el padre de tus hijos?
¡Sí, sí! ¡Claro que sí! Me contengo y fotografío Pálpitos del tren que no vuelve por la página cinco, la página donde aparece el título.
Me contengo para no expresar, a viva voz, lo que realmente pienso que pasa; que pasa un elefante destrozando mi cabeza. Lo que se mueve y fluye y desborda mi pensamiento. No dejándome otra opción que, de golpe, interrogar." ¿Sabes, acaso, lo que es poesía? Es decir: constelación. Es decir: interrogantes. Es decir: asociaciones de sentimientos e intrigas. Es decir: ¿has leído algún libro más que ese, o aquel que llaman de las mil mejores o peores damiselas desmedidas del mundo de los versos? ¿Piensas, quizás, que vivo de transfusiones, de transfiguraciones, de transformaciones del aire impuro en alimento gratis y nutritivo? Pero, ¿para qué hacer más fuegos? Con la luz del mundo o la luz de tu cielo, me contengo".
¡Sí! Por supuesto que, en alguna ocasión, tal vez por compromiso, preguntaste por la definición de mis poemas, por cómo mis versos podrían o no llegar y desnudarse y desnudarte; ¿por qué tendrías que perder, camino de tu casa, algunos céntimos?, esos por los que ya, nadie se agacha. ¿Por qué tendrías que perder algunos segundos de luz o de arena?, esa que todos emplean construyendo sus castillos, esa que nadie ahorra. ¿Por qué perder el sueño o el amor comprándome y leyéndome? Ya sabes, y si no lo sabes, te lo digo ahora: por mi diez por ciento de diez, me importa un... No, ¡qué va!, ni me importa.
Te confieso, y eso tú sí que lo sabes, cómo de pronto, tal vez, a la hora del té o de mi sangre, o a la hora del aperitivo de nada sin cerveza, se me apareció la hoja en blanco de un queso de cabra en un bocata de pan, y que acaso por no pagar, Iberdrola me cortó la luz, o que con los años de sequía mi pantano se había quedado sin eco. No sé, tal vez, por no haber podido ser diablo, me contengo en mis deliberaciones.
Sin que sirva de justificación. —Sí, sí. ¿Por qué no va a servir de justificación? Anda, y qué te jo..., qué te ma..., qué te co... Te diré que mi mundo poético es tremendamente despistado, epiléptico, trasnochador. ¡Ya lo sabes! ¡Sí, lo reconozco! Y reconozco igualmente que es también alegre y divertido y abierto y doloroso y sorprendente, que viene desde ayer hasta hoy para mañana, monumentalmente creciendo al desatino. En esta poesía mía, la ambigüedad y los lances patéticos son importantes, así que te recomiendo no entrar para que no intentes quedarte. Particularmente, me da exactamente igual que leas o no leas mis escritos.
Parecería, en ocasiones, que mis versos siguen un desarrollo calmado y sencillo, de andar desnudo por tu alfombra a las cuatro de la madrugada. Sin embargo, la sinuosa ampliación de las metáforas lanzadas contra las paredes del mundo, o la sublime desmitificación de los conceptos, del todo inconfesables, te convencerán de lo contrario. —Vamos, si es que llegas a darte cuenta de que, puede que sí; que haya alguna metáfora, o alguna imagen sucia o limpia, o algún paradigma de cuando nos conocimos.
Sí, es verdad que si te fijas bien, notarás las cicatrices de los maestros —esos, tan distintos a los tuyos, que ya sangran—. Esas, tan aterciopeladas que, sin duda, proporcionan la continuación de la grandeza que todo poema precisa. Aunque también es cierto que las operaciones realizadas con las últimas técnicas quirúrgicas —sí, ya te lo digo, también soy doctor en cardiopatías humanas— las han disimulado magistralmente, para, así, continuar su propio recorrido. Vamos, te diría que mi poesía es innovación y novedad, es algo tan distinto que apenas si llega a cuatro horas de tu abstinencia.
Entiendo que no soy fácil de tratar ni de leer, que para las mentes multinacionales puedo resultar cansino, que cuando llega mi correo va directamente a la bandeja de los no deseados, que la inmensa mayoría de las veces me clasifica el sistema como spam; lo tengo asumido, lo mismo que a mis dos o tres millones de seres, despiertamente, incondicionales. A ellos les doy las gracias, a los demás también.