https://m.media-amazon.com/images/I/514lPxeTMzL.jpg
6
Las cabezas huecas de seso, y de conciencia, y de alimento general; las de los
dirigentes atorados de poder y riquezas, esos, sí, sí, esos que no supieron
detener a tiempo la locura candente de los hombres que se iban rindiendo a las
evidencias que venían con algunos asuntos beligerantes. Los que no supieron, o
no quisieron encontrar en las palabras, el método adecuado para detener la
catástrofe y paralizar así el negocio que tenían montado con la venta de las
armas para la guerra. Y es que, ¿quién podía ser el majo que se cargase todo
ese tinglado por cuatro o cinco vidas más o menos? Vidas que nada tenían que
ver con su sangre ni con sus familias.
¿Interés? Sí, sobre todo fue por interés por lo que aconteció todo. Y por el
pan mohoso de una sádica indignidad, o el preludio de muchas otras discusiones
violentas, o el fracaso en vivo y en directo, o visto a través del microscopio
para no destacar. Igual que los fallos y los puntos negros e invisibles en la
perfección de una joya y en la nariz de una mujer distinguida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario