miércoles, 9 de agosto de 2017

EL GRITO EN EL COSTADO


                                                
Vale cualquier imagen que guardéis de mí.
Es muy probable que vuestra consciencia haga el resto:
enmascararme o desenmascararme,
pintar el grito en el costado desde el que me di a la fuga.

Me podéis afeitar y cortarme el cabello
y ponerme corbata y vestirme con el traje de las entrevistas.

Me podéis imitar. Sí, por supuesto.
Me podéis respirar como a un mar niño
que lentamente está creciendo,
igual que esas cinturas que ya pasaron los cuarenta
igual que los tobillos de las embarazadas.

Me podéis cubrir de escombro y basura, ensombrecer mi juicio, emborronar mi ausencia, esa que asoma egoísta en los cristales
de tantos descontentos como van a pedir mi aprobación.

Ignoro si mi sábana debería oler a mansedumbre,
si las muecas de mi rostro, inspiraron
a escondidas el piercing de la lengua
el color mariposa donde todo transcurre.

Me podéis inventar y reinventar,
que yo, como los hombres, siempre estaré presente.