martes, 22 de agosto de 2017

SINONIMIA//DESDE EL FONDO DEL VERSO Guía para entender la poesía que viene




La Sinonimia, tras cumplir hace tantos siglos la mayoría de edad, es una figura de repetición que en ocasiones, deja libre la última semana del verano para reforzar esa idea clásica de una boda y su banquete; ayer, probablemente parisina, hoy, de un Madrid con prisas e improvisaciones, donde, llegan los novios en metro a todos los sitios, mucho antes que en limusina o coches con cientos de caballos.

En tres minutos, la sinonimia aporta matices y uñas largas al destino de la expresión principal, sugiere nuevos aspectos significativamente amplificadores, comulga con los modelos contemporáneos de un achuchón en las últimas filas. En siete minutos exactos, proporciona sensaciones de auténtica viveza, con las que, sin lugar a dudas, se desmitifican todas las formas precisas de uno u otro invento, de todos esos que hasta este instante siempre existieron.

Pero, para engrandecer la palabra poética, solo la repetición de sinónimos no dice gran cosa: ni aclara ni aligera ni ilumina ni proyecta más allá de su sombra el verso, y si por el contrario lo hincha de artificio con palabras que apenas aportan nada al enunciado; reduciendo el tempo y la atención del lector, frenando el fluir natural del poema, enquistando de uno a tres pensamientos. Y sin embargo, sí, es verdad, hay momentos y motivos por los que la composición necesita apoyarse en sinónimos próximos para redondear los abusos del día; siendo o pudiendo ser, acaso, tan solo para que revivan bestias o caricias milenarias, intenciones que se interesen por el presente certificado de autentificaciones, movimientos que licuen de burocracias las sinonimias de las administraciones.

En poesía, al ser la repetición en cualquiera de sus extensiones, uno de los principales apoyos, la mera repetición de ideas, es poco recomendable, pero allá cada cual con su firma y sus modales. Cada uno puede decidir cómo quiere que lo entierren con el dedo que pasa las hojas.


Las buenas sinonimias desarrollan aspectos de la realidad que designan la expresión inicial, al tiempo que intensifican la emoción. Se puede empezar por lo más alto y que sea el último verso el que haga referencia a la profundidad del hoyo donde reposa la caja con mis restos, o a ese cielo de los pájaros donde llevó el aire mis cenizas

sábado, 19 de agosto de 2017

UNA BARBIE CUALQUIERA


Tierra no, aún no me tragues,
que te acuno atrevido en primera persona
igual que a las mascotas de Neruda,
de Borges, de Laureano, de Mestre o de Aleixandre,
antes de enmudecer, después de los disparos,
cuando vuelven y eclipsan
con el vuelo de su falda mí memoria.
Sí, déjame saber mientras se cierran, ceremoniosamente
para que nadie se haga daño, los párpados y las estancias,
¿cómo es que todo, en alguna ocasión, nos empuja y nos rompe?
Tú, transformada en sueño y disparate,
lanzas besos que nos cosen con fuerza
a una noche Lolita en la batalla,
taponas las heridas
que gotean del techo de esa noche
del hacha que nos niega mucho,
en muchas circunstancias
de la espada con su punto y destino.
No tierra, no me tragues, que aún
no me atrevo a mirar
en pie, delante de la tele,
como se fue muriendo al gris,
al gris y al blanco-negro tahúr
de las nubes marcadas,
toda esa sucesión de mundos,
mundos y signos de constelaciones,
mecidas por la historia de una Barbie cualquiera.
Sí, déjame saber.

viernes, 18 de agosto de 2017

PANEGÍRICO




Soñaba con vengarme, quedando para siempre
igual que los colores de Fra Filippo Lippi.
En el tramo final, cuando se dice adiós
al paseo de los domingos con la familia,
cuando nada se sabe de mi semblante humano.
Cuando desaparecen mis partes del misterio.

Que estoy arruinado, lo puede comprobar cualquiera.
Que soy de porcelana y músicas nativas lo sabe todo el mundo,
como se yo que hay tantas manos
dispuestas a prestar las luces

a los lienzos de todas mis derrotas.

miércoles, 9 de agosto de 2017

EL GRITO EN EL COSTADO


                                                
Vale cualquier imagen que guardéis de mí.
Es muy probable que vuestra consciencia haga el resto:
enmascararme o desenmascararme,
pintar el grito en el costado desde el que me di a la fuga.

Me podéis afeitar y cortarme el cabello
y ponerme corbata y vestirme con el traje de las entrevistas.

Me podéis imitar. Sí, por supuesto.
Me podéis respirar como a un mar niño
que lentamente está creciendo,
igual que esas cinturas que ya pasaron los cuarenta
igual que los tobillos de las embarazadas.

Me podéis cubrir de escombro y basura, ensombrecer mi juicio, emborronar mi ausencia, esa que asoma egoísta en los cristales
de tantos descontentos como van a pedir mi aprobación.

Ignoro si mi sábana debería oler a mansedumbre,
si las muecas de mi rostro, inspiraron
a escondidas el piercing de la lengua
el color mariposa donde todo transcurre.

Me podéis inventar y reinventar,
que yo, como los hombres, siempre estaré presente.