lunes, 31 de julio de 2017

VESTIDO PARA TI



No tengo sombra ni recorrido.
Ni tengo ningún otro traje
que me vista de ti en la noche.
Sólo las palmas de las manos.
Sólo etiquetas niñas al umbral de la sed.
Me visto de ceniza y me desviste el aire
de algunos compromisos,
la incertidumbre del sollozo que nos acuna,
el latido en los gestos y los labios,
la complaciente fuga y el grito y el encuentro.
No, no tengo ningún otro traje que me cubra.
Éste criminal que bebe su última sentencia,
zurce como aprendiz onírico, mis heridas:
los rotos de la voz al final de las nubes,
los besos y la luz de un sol radiante,
las huellas de la planta del pie sobre el asfalto.
Una imaginación o una realidad en la cama,
o vete tú a saber que o cuando.
En la brisa de la tragedia,
que nos desviste la memoria;
no soy capaz de abrir los labios
que han de llenar con la voz las palabras,
ni el misterio que huela a guardería.
Ante ti estoy desnudo. Sólo todas las tardes,
siempre como tú me soñabas.