lunes, 31 de julio de 2017

VESTIDO PARA TI



No tengo sombra ni recorrido.
Ni tengo ningún otro traje
que me vista de ti en la noche.
Sólo las palmas de las manos.
Sólo etiquetas niñas al umbral de la sed.
Me visto de ceniza y me desviste el aire
de algunos compromisos,
la incertidumbre del sollozo que nos acuna,
el latido en los gestos y los labios,
la complaciente fuga y el grito y el encuentro.
No, no tengo ningún otro traje que me cubra.
Éste criminal que bebe su última sentencia,
zurce como aprendiz onírico, mis heridas:
los rotos de la voz al final de las nubes,
los besos y la luz de un sol radiante,
las huellas de la planta del pie sobre el asfalto.
Una imaginación o una realidad en la cama,
o vete tú a saber que o cuando.
En la brisa de la tragedia,
que nos desviste la memoria;
no soy capaz de abrir los labios
que han de llenar con la voz las palabras,
ni el misterio que huela a guardería.
Ante ti estoy desnudo. Sólo todas las tardes,
siempre como tú me soñabas.

lunes, 24 de julio de 2017

Consonancias del silencio



Solo en este momento de elegir
cierro y me derrito polvo de tantas ausencias:
la doble cara del árbol ante la puerta solo.

Déjame penetrar en tu silencio.
Déjame buscarte en el dintel desmemoriado
de todas estas cenizas de ausencia
que nos envuelven siempre, siempre.
Déjame acercar al beso todo su relámpago.

Aquí donde duerme la luna
su llamarada o su llanto de infancias,
hay puertas transparentes
que se cierran al abrazo veloz del olvido:

¡como si Dios nunca estuviese dentro!

                        De:  Consonancias de la voz

martes, 18 de julio de 2017

Reseña a UN CUÁNTICO ALETEO EN LA BOCA

Ya sabes donde lo puedes encontrar.


Vamos a ver si nos aclaramos o seguimos y seguimos ciscándonos con los peldaños de una historia y otra historia, siempre lateral y contundente pétalo de las formas antiguas en las que, con tanta comodidad, nos desenvolvemos. 

Particularmente, después de haber vivido en un segundo sin ascensor, a mí me da lo mismo sobrevivir o no al cielo de los inocentes acusados o al infierno de los tíos o las tías buenas; mis dedos, de sobra saben cómo han de moverse entre tus mariposas, como han de dibujar tus constelaciones, como han de morir para vivir entre tus dedos. 

Y puesto que sucede ahora, lo mismo que sucedió siempre. Y puesto que vuelvo a no estar dentro; ni al lado ni cerca ni nunca de la burbuja de tu consciencia o inconsciencia; me voy a dar un baño lejos de las multitudes, alrededor de tus miradas. 

Expuesto lo cual, ya os puedo decir que: UN CUÁNTICO ALETEO EN LA BOCA vino a ser todas y cada una de las pretensiones posibles o imposibles que acercan, sin ser fácil, ya lo advierto, la locura o realidad estacionada en mí cabeza, mientras, espero que te cambies de calzado para ir, en la tarde, a pasear. Y parece, ¡mira tú por donde!, a mí no me sorprende, pero así se escribe, que se ha convertido en toda una renovación y revolución de dichos y redichos, de luces y de sombras, de veintinueve segundos, de cinco en cinco mundos que lo van dando forma, hasta conseguir así, alcanzar esas veintinueve distancias tratables o intratables de las que está compuesto, de las que se habla: o bien bien, o mal mal y se escriben tesis. 

Bueno. Vale. Digamos que para la comida rápida, la que hoy está de moda, es complicado digerir. Que me importa poco ser, o no ser mortal o inmortal. Que cuando se lee por primera vez, solo se raspa la superficie de su verso, distinto, contundente, fuera de los recorridos habituales, ya lo digo, tan distinto a todo lo que hasta hoy estáis o no acostumbrados, que acaso, antes de ir al curro, no os de tiempo para hacer la digestión. ¿Y sabéis qué? Lo bueno de no esperar nunca nada, es que no se tiene que dar a nadie explicaciones, que todo fluye hasta tropezar con la historia, aunque, esta, venga de forma natural, de cinco en cinco segundos hasta completar veintinueve complicaciones. 

Para que no os pille desprevenidos, ya os lo suelto aquí, a plena luz, a instante y fuerza, a palabrajos cara a cara, UN CUÁNTICO ALETEO EN LA BOCA, poéticamente ha llegado para cambiar unas cuantas cosas, unas cuantas formas oxidadas de cantar y contar las cosas.