lunes, 19 de junio de 2017

DI QUE SÍ MUCHAS VECES



Hasta que mi cabeza no vuelva a estar en sus sitio, y eso, por lo que parece, irá para largo, he de comunicar que no os regalo más versos, (después de ocho años he llegado a la conclusión de que, todo lo que se regala, no se aprecia) por lo que, si me queréis seguir leyendo, que particularmente, claro está, me importa un huevo con patatas y cebolla, tendréis que buscaros otra forma de hacerlo. Bien en las bibliotecas, bien comprando mis libros, bien ignorándome como hasta ahora habéis hecho. A mí entender, no se han alcanzado los objetivos fijados, con lo cual, alguien (y por una vez no voy a ser yo) tendrá que pagar los versos rotos.

sábado, 17 de junio de 2017

UN TROCITO DE AYER



Hasta que mi cabeza no vuelva a estar en sus sitio, y eso, por lo que parece, irá para largo, he de comunicar que no os regalo más versos, (después de ocho años he llegado a la conclusión de que, todo lo que se regala, no se aprecia) por lo que, si me queréis seguir leyendo, que particularmente, claro está, me importa un huevo con patatas y cebolla, tendréis que buscaros otra forma de hacerlo. Bien en las bibliotecas, bien comprando mis libros, bien ignorándome como hasta ahora habéis hecho. A mí entender, no se han alcanzado los objetivos fijados, con lo cual, alguien (y por una vez no voy a ser yo) tendrá que pagar los versos rotos.

jueves, 15 de junio de 2017

La historia de Anastasio de los Onesti




¿Quién si hace memoria y penetra un poco más allá del sudor de la frente, no recuerda con exactitud, todos los colores del lienzo donde, unos mastines amaestrados, en un instante de frenético  festín, se lanzan igual que las palabras hirientes a los muslos de una cierva? Hubo un período largo de abstinencias que como una larga broma en las ciudades dormitorio, presidió este lienzo de oníricos mordiscos, la pared principal de casi todos los salones, como si en todos ellos a la hora de cenar hubiese un cazador.

Los motivos venatorios que mostraba el cuadro, eran una interpretación eufemística y visionaria, de la tabla original, que Sandro Boticelli cuelga, junto a otras dos de la misma serie en el Museo del Prado. Estas tres tablas y una cuarta perteneciente a un coleccionista particular, fueron un encargo que le hizo su mecenas Antonio Pucci, para conmemorar la boda de su hijo. En conjunto, formaban las paredes de un cofre, donde supuestamente se introducirían las gotas de sangre del amor eterno, la luz de las arras del compromiso, los irrompibles añillos de la confianza, la fortuna y el bienestar familiar. Toda una contradicción representando una alegórica condena. Porque  no, en la obra primigenia, en el claro del bosque, no era sobre una cierva gimiente, sobre quien saltaban los perros hasta estremecer la vista atónita del ojo impasible que todo lo contempla, hasta derribar el borde furioso de la memoria. Era sobre el fuego orquestado contra el tiempo de una mujer fría y orgullosa; una mujer que nunca amó ni sintió piedad. Era sobre un cuerpo desnudo por el que se pasean, como amores feroces, unas garras afiladas. Era sobre sus formas sudorosas no siempre ocultas debajo del escote.

Sí, claro que era una mujer vestida de oleajes, de mala leche y prepotencias, una mujer a quien incompasivos alcanzaban e inmovilizaban los perros, para que su amo, como un ciclón abriendo todas las heridas de los hombres, diese muerte con su estoque. Luego la arrancaba el corazón insensible y se lo echaba a comer.

Si hacéis caso del celo constante de las habladurías, estas dirán que fueron unos brazos brutos los encargados de oscurecer la noche, que solo el pretexto extensible de las dos cabezas, suele quebrantar el talle cristalino del amor, que los delirios cada viernes, vienen a ser los pensamientos de una condena fija, una condena que se refleja en un arroyo de lunas refulgentes, como si éstas tuviesen de por vida su exclusividad.

Si, cuenta la historia que fue al fingir el día algo lejano y creativo, cuando sucedió todo, en una encrucijada de verdes perezosos, en un manantial de imágenes al mediodía de la fábula, en el vientre de la tarde rota, en una sala con asientos de pinos cortados para el banquete, justo en un jardín semejante al jardín que aparece en todas las cabezas.

Como en la realidad que nos muestra una fotografía, Boticelli empleó los rojos metafóricos de la sangre y el azul inexistente del cielo que engaña y exilia, para vestir y desnudar los cuerpos de sus personajes. Para pintar la naturaleza, desplegó todo el ejército de verdes agostados a las tres del compromiso. En las columnas de pinos abiertos al horizonte, como si fuese un cruce de caminos sin señalizar, puso el marrón oscuro de los párpados en medio de la tormenta. En contra del abismo abierto al mar,  al espíritu sin trabas del caballo, lo pintó de polvo blanco, el blanco asfixiante y cansino de la pureza. Y si, acaso para contrarrestar, o solo porque así lo imponen los cánones comunes de la belleza, al cuchillo y al infierno, los vistió de negro, de negro con toques precisos de  luna partida, de negro como los patios del colegio, como la piedra y los pecados, de negros colores vivos para compensar la muerte

El dolor viene siempre envuelto de regalo al nacer el día. Aquí, es un cuento escrito por Boccaccio en El Decameron. Un cuento que después de traspasar los límites de la mera apariencia, nos dice lo que son las cosas en si misma, o simplemente lo que deseamos llegar a entender de ellas. El protagonista enamorado de una joven que no le corresponde, se suicida. Ella, por una sucesión de raros acontecimientos, pasadas unas semanas, también muere. La divina justicia los condena para toda la eternidad, a ella, por su mala condición a ser perseguida por su enamorado, a él, como castigo, a darla caza y arrancarla el corazón todos los viernes, para renacer y volver a morir el viernes siguiente. La historia de Anastasio es la repetición de la misma historia, también él es joven y está enamorado de una mujer que no le corresponde. También él quiere salvar al mundo y a la dama, pero del mundo, de sobra sabe que es un caso perdido y que la dama vive solo en una ilusión, en los pasillos olvidados del silencio.

Puestos a criticar, tanto Bocaccio como Boticelli en los tiempos que corren, serían detenidos, juzgados y condenados por hacer apología sobre la violencia de género. Las pruebas permanecen escritas. Son luminosas y trascendentales como los gritos del color de las vísceras en la tabla. En la distancia, ambos representaron a su modo, esas lágrimas de un desencuentro, ahora la belleza de una monstruosidad.

No es mi deseo concluir sin volver al motivo venatorio con el cual di comienzo. Es conveniente recordar; que más de una y mas de dos vez, se dio la circunstancia de que al ser una pintura tan socorrida como regalo adquirido siempre en el último momento, la feliz o infeliz pareja de recién casados, se encontraba al desenvolver los presentes, que había en el lote, desde uno a cuatro motivos de caza muy similares, y claro está, como antes o después los regalantes harían la visita de rigor, - más que por otro motivo, para ver que su obsequio era expuesto en el lugar que le correspondía, - y así, era preciso reservar un hueco para colocar en su momento el correspondiente a cada visita, en la pared que dejaban libre: las fotos de la fiesta, el mueble bar-librería y el espejo vestidor; ese frente al cual tantos hijos fueron engendrados.


Maximiano Revilla

FIN DE TRAYECTO



Hasta que mi cabeza no vuelva a estar en sus sitio, y eso por lo que parece irá para largo, he de comunicar que no os regalo más versos, (después de ocho años he llegado a la conclusión de que todo lo que se regala no se aprecia) por lo que, si me queréis seguir leyendo, que particularmente, claro está, me importa un huevo con patatas y cebolla, tendréis que buscaros otra forma de hacerlo. Bien en las bibliotecas, bien comprando mis libros, bien ignorandome como hasta ahora habéis hecho. A mí entender, no se han alcanzado los objetivos fijados.