domingo, 20 de noviembre de 2016

DESDE EL FONDO DEL VERSO I Guía para entender la poesía que viene



Para profundizar en lo que debía ser la poesía

DESDE EL FONDO DEL VERSO
Guía para entender la poesía que viene
Maximiano Revilla


“El ropaje del alma es el lenguaje…”
                                                     Fedro

El verso es una belleza no creada,
la que permanece debajo, muy por debajo
de  la capa del maquillaje, es el poema
                                          Laureano Alban

El poeta tiene que ser huésped de una sola noche, un hombre o una mujer, cuya única empresa consista en dejarse influir por muchísimas presencias extrañas, una persona que siempre deja abierta la puerta de su habitación a todos los vientos. Alguien que amplía el paisaje de nuestra memoria.
                                                                                                                           J. L. Borges

La poesía hecha ahora, puede entretener a las masas e iniciarlas en la expresión de su propio sentir externo; ya que su interior solo podrá ser ocupado cuando lleguen los nuevos poetas con su nueva sentimentalidad.
                             Antonio Machado

La poesía no se atiene a la idea del progreso, sino al principio del eterno retorno.
                                                                                                                           Luis Rosales

Todo poema se cumple a expensas del poeta y del lector.
                                                                                  Octavio Paz

La poesía es
un sistema de espejos
giratorios, que se deslizan con armonía,
desplazando luces y sombras en el probador
                                                          Pere Gimferrer

La poesía es como la amante ideal y real que no se deja coger del todo y así permanece eterna.
                                                                                                                             Juan Ramón Jiménez

La poesía, más que del lenguaje, proviene del silencio, y yo no soy más que la esquina por donde se asoma.
           Ko Un

Agua del buen manantial,
siempre viva,
fugitiva;
poesía, cosa cordial.
¿Constructora?
                         Antonio Machado

El poeta es un fingidor
                         Fernando Pessoa




                                            LA POESÍA EN LOS POETAS DE HOY



(“Poesía:// poiesis desde su origen griego ha significado: creación, elaboración, producción, trabajo; en definitiva poiesis es cada una de  las causas que hacen pasar cualquier cosa del no ser al ser”).


Si me apuras, entre tú y yo, bien podríamos inventar el viaje que supone trasladar el significado que siempre tuvo poiesis, hasta, ¿quién sabe?, tal vez, igualarlo con ese esfuerzo que realiza la economía sumergida para que así, no se descubra el engaño ni se remunere jamás, ni se atropellen para olvidar, como es debido, mis circunstancias contables o familiares; vamos todo lo contrario de aquello que, por regla general, hacemos los poetas de hoy, que, aunque nos desagraden todos los colores de los decorados del día, nos sentamos a esperar la llamada de algún, caradura endiosado, amigo de papelotes.

Hoy se podría decir que la poesía es una serie de ofertorios que nada tienen que ver con el esfuerzo de las musas, ni tan siquiera con el principio firme de su significante oscuro, cuando sin luz que lo lleve al interior de las cosas, se desparrama en cada letra. Nada tiene que ver, con la intención de alcanzar en el desmayo la más alta torre del asombro o de la complacencia, siempre desde la ampliación de su significado común, a otro más inconcreto, más extenso, menos manipulado. Si me apuráis, más bien, tiene que ver con el disimulo, el engaño, el falso protocolo de las fiestas, con los números, las negociaciones, las estadísticas, los currículums, con saber cultivar el amiguismo y ser, un excelente relaciones públicas, para así, poder deslizar de manera convincente la mano por la espalda.

Hoy la poesía parece ser algo así, como ese ir de la luz a la luz sin dolor, sin sombras en el recorrido, sin excesivos sobresaltos, sin inventiva ni creación. Yo me llamo yo, y estos son mis avales. Como si todo su cometido consistiese en tomar de aquí y de allá, vergonzosas intimidades que tras pasarlas por el tamiz de la inconsciencia, y una vez convertidas en pequeñas formas sin importancia, entregarlas sin pudor en pequeños retazos a los posibles lectores; una historia y otra que se repite, una sorpresa y otra sorpresa sin contenido ni resolución.

La poesía, hoy que lo que importa es la materia, pasa casi de puntillas por el mundo adorado de los cuerpos. Sin espíritus que por su santa bendición se inmolen, continúan impartiendo sus enseñanzas de trasnochada existencialidad, regocijándose en todos esos pensamientos que nos vienen de ayer y continúan hacia ese mañana sin reciclar, esos en los que sabe que nunca más volverán a soñar con el retorno, que nunca más mostrarán su faceta evasiva y relajante, que nunca más darán vida a la vida. Por suerte, como decía el maestro Machado: seguro que vendrán futuros aprendices, con nuevos sentimientos, que lo transformarán todo.

Hoy la poesía es un detalle más que reposa en la historia real de la imaginación de otra historia, es algo que asienta, todos los recuerdos del incendio y la revancha de la juventud sobre algo que se adelanta al futuro y lo da la vuelta. Sí, es cierto que aún nos quedan los rescoldos del pasado, pero si se quiere progresas, se ha de romper con ese pasado emigrante que siempre llevamos dentro: en el bolsillo interior del corazón o la chaqueta, todo bien planchadito para que nunca se noten las arrugas. Se tiene que romper, apagar y encender en los nuevos corazones.

Hoy que la poesía tiene a un golpe de ratón, el universo conocido y aquel por conocer: inventa poco, no se arriesga nada, y en lugar de aprovechar la infinita gama de oportunidades para aprender y destacar; continúa hundiéndose en el polvo del pasado. Hoy mutilada de toda elocuencia y a falta de casi todo el ornato, se enorgullece de su mucha disposición y sensiblería personal hacia los cuatro amigos que en contadas ocasiones nos leen las gracias. Es como si solo deseásemos salir en la tele, protagonistas en esos programas bufones tan a la moda.

Yo diría que hoy la poesía es lo que nos queda de aquellas humedades juveniles de los sueños. Las que incomprensiblemente vienen de la mansedumbre de las cosas, del espíritu que habita en las golosindras del puesto de la esquina. – Perdón.  Sí, pido perdón; me había olvidado que al igual que los poetas también los puestos de golosindras han desaparecido con la modernidad. Aun así, os explicaré que son estas cosas con esta palabra tan rara: son formas minimalistas que se han vuelto dulces como el verso, de tanto experimentar con ellas. Son esas formas de azúcar, que desde siempre a los niños, nos han gustado tanto.

No os sorprendáis pero el recuerdo es algo que viene de otro tiempo, otro tiempo donde por ejemplo, Gil del candelabro sólo era una perífrasis eufemística de gilipollas. Hoy es la calificación habitual del poeta. Decir qué se es poeta, es lo mismo que decir qué se es gilipollas. No existe la profesión de poeta como profesión remunerada.

Hoy el poeta es un asalariado más, un nominista, un currito por cuenta propia, un aficionado que dedica las horas que roba al sueño, para escribir poesía. Hoy el poeta es otro mundo. Un prostituto de las palabras, un mercenario del  ritmo que se contrata como autónomo y en ocasiones estresantes, completa el círculo de las canicas, del agua, del aire, de la tierra, del fuego, de todo lo que acoge los restos del funeral, y los deposita sobre las canas del alma.

Sabido es que sólo la poesía, se manifiesta desde otras vidas vividas en el pensamiento, que sólo la poesía abre todas las puertas del alma y de la calle, y muestra complaciente, todos esos mundos, que se encuentran entrevelados detrás de tantas miradas, de tantos corazones, de tantas cabezas. Sí, sabido es que sólo la poesía muestra nada más que esa parte de los mundos que nacen de los cuerpos y habitan desnudos en la palabra. La palabra del día a día, la que cuenta lo cotidiano; la que no se ve, la que sólo en ocasiones impensadas se desdobla y finge un mundo en calma, sosegado, con nuevas perspectivas, sin inquietudes eróticas ni retóricas que nos lleven de un sol, a una nube, o a una estrella, quizás a esa que se cuelga en la fiesta de la solapa y viaja, y viaja en los besos, por la piel de las ciudades, sin necesidad, de abonar, el billete con respuestas, esas mismas respuestas que nos levantan o nos entierran. Si, esa ha sido, es y será siempre la palabra que busca el poeta.