jueves, 30 de junio de 2016

Pálpitos del tren que no vuelve

Recientito. Y ya lo podéis tener solicitándolo en el e-mail: poetadeguardia@telefonica.net
o en La Casa del Libro.




Os aseguro que "Un paso no es más grande sólo porque se de antes" pero si que es desde las fuentes realistas del naturalismo actual, de esta poesía que no se detiene, esta que nos invade y cambia de forma con cada nuevo post colgado, desde donde Pálpitos del tren que nos lleva, expande con el sonido de la campana que anuncia su salida, en un verso y otro verso, su inmanente borrachera, su inclusión y pertenencia a este instante en el que “todo lo que saben los niños es milenario” y “entre dos estaciones, frente al mundo , en el autobús, cuando el viento cambia: se acarician de otra manera los continentes” quedando casi, casi todo el sentir y el saber en las nubes de los recuerdos.

miércoles, 29 de junio de 2016

Pálpitos del tren que no vuelve



Pálpitos del tren que no vuelve, lo puedes solicitar en el e-mail: poetadeguardia@telefonica.net
o en internet, o esperando a la salida de septiembre en la Casa del Libro.

Si nos atenemos a esa máxima que describe y explica como es el paso del tiempo, mutable e inmutable espina que pone tanto al autor como a su creación, en el lugar designado a la historia o al olvido; he de confesar que, Pálpitos del tren que no vuelve, después de que los duendes de la informática, lo hiciesen dormir en los archivos de Vitruvio, acaso, todas esas horas que para su creación se robaron al sueño, fue una grata sorpresa el ver cómo vino a mí tras su reposo con matrícula de honor, no importándome, como autor, ser el olvido, al sentir que la obra tendría su lugar en la historia.

Cuando Pablo me envió el archivo con las pruebas de corrección del libro que debía haber salido Un cuántico aleteo en la boca, una creación que habla desde la función específica del espíritu humano de los fenómenos emocionales de un personaje omnipresente en unos cuantos instantes determinados de la humanidad, cual no fue mi sorpresa cuando vi, que, en su lugar llegaba: Pálpitos del tren que no vuelve ni por estos, ni por otros, ni por aquellos raíles del pensamiento que suponga la desnudez de una literatura distinta, la que rompe con algunas de las antiguas rutinas, la que hace que el lector se pregunte por las diferencias de uno y de otro. Pálpitos del tren que no vuelve es el que está y Un cuántico aleteo en la boca el que estará en primavera, o verano, o quizás en otoño o invierno.

Por regla general, un libro se escribe, se ordena y se ordena, se corrige y se corrige, se lee, se relee y se relee y por fin se recrea uno pensando en lo maravillosa que es su creación, la sorpresa, poco grata, viene cuando pasado el tiempo lo vuelves a leer y te das cuenta de que no comprendes nada, de que tu mente y tu pensamiento ha cambiado tanto que lo que allí ves, no forma parte de ti, ni de lo que te rodea, y que por más que te esfuerzas, no sabes en que mundo encajarlo y he de confesar que no, que con Pálpitos del tren que no vuelve, no sucedió esto. Pudieron ser los resoplidos del vapor de tantas circunstancias como las que se describen según se avanza en la lectura, o las mismas observaciones que irremediablemente se van quedando atrás, acaso tan solo como objetos de estudio de una realidad o irrealidad que ya no vuelve, de ese instante que nos sorprende con una y otra reflexión entre líneas y líneas de versos que en muchas ocasiones solo para unos pocos quieren decir o no decir nada. Pálpitos de un tren que no vuelve, dice lo mismo y expresa lo mismo que quiso expresar cuando se compuso.

Pálpitos del tren que no vuelve, podría ser considerado como un libro que nos narra el realismo de una romántica ficcionalidad de un protagonista que se mueve entre los sucesivos y sucesivos trescientos sesenta y cinco días, que sin duda pasan y pasan, por todas y cada una de las cabezas de los personajes que sin atreverse a llamar, - no sea que nadie les abra, ni hablen,- se encuentran en cada momento acercándose y alejándose con todas esas dudas que les invaden.
El protagonista de Pálpitos del tren que no vuelve es alguien que fue como tú y como yo, con una visión del mundo, miméticamente imperfecta, sin memoria, ni fotografía, alguien “que se desviste al beso, a la noche, al recorrido de mi mano entre tus muslos y el mundo”, pues, no cabe duda que “cuando dos cuerpos se unen: se escucha la voz más despacio”

martes, 7 de junio de 2016

UN CUÁNTICO ALETEO EN LA BOCA



La verdad Pepa, es que debo darte la razón y reconocer que un pelín complicado, puede que sí sea. Que narices (sí que lo soy). Sí que lo es mi personaje sufrible, ese que se abandona al poema de imágenes nuevas y se rompen los labios para crear todos los días aquel o este mundo imposible que nunca antes apareció en los mapas, este que se presenta, la mayoría de las veces controlable, aunque en muchas otras, admito que para aquellos que me han transitado poco, puede resultar, que se les vayan a otras historias, las neuronas, que les patinen los cojinetes, que tropiecen y les sea imposible llegar a tocar o sentir los universos diminutos de la mente o de la tierra de UN CUÁNTICO ALETEO EN LA BOCA, que solo les quede la satisfacción o insatisfacción de apoltronándose en el sofá, para dejarse convencer o maldecir, por nuestro encuentro

UN CUÁNTICO ALETEO EN LA BOCA, quiere asomarse a los misterios de otras luminiscencias, presentar todas sus actualizaciones, despertar a uno o dos del sueños, y por raro que parezca, todo ello, siempre se resuelven al caer la tarde sobre las caravanas de mosquitos que se atascan en la autopista por la que, tras las horas de trabajo, llego a casa. UN CUÁNTICO ALETEO pretende asaltar en pleno siglo XXI, los conglomerados emocionales de un aquí personal y un ahora colectivo; intenta sutil o abofeteadamente, espolvorear de primaveras y veranos otras energías que lleguen, tal vez, de un otoño o de un invierno, y que cuando se mezclan, si se alinean bien, pueden sortear todos los embargos impuestos a distintas inmolaciones, saciar de inquietudes, ese alma que se mutila mientras se esconde en paraísos fiscales, armonizar con cada uno de tus difíciles momentos, todos mis momentos. Sí, UN CUÁNTICO ALETEO EN LA BOCA, dicen que no es fácil, que es emocionantemente cruel, que os pierde por los laberintos de su pertinente sensiblería, que por raro que parezca, lo cuanta todo de otra forma.

viernes, 3 de junio de 2016

UN CUÁNTICO ALETEO



No me preguntéis por qué, pero, UN CUÁNTICO ALETEO reproduce las distintas visiones en las que se enreda mi cabeza ante las mismas o parecidas circunstancias por las que pasáis vosotros, tres o dos minutos, después de ir a la cama.
Los juegos del ritmo de las palabras y momentos que lo han ido dando forma, pertenecen, inquietud tras inquietud, a esos detenidos instantes de unos cuantos mundos, que nos invitan a recorrer desde los pasillos musicales de la casa o del metro, la inmensidad o insignificancia que se pinta en un segundo de abstinencias, pero siempre, desde puntos de partida o de llegada, distintos.
En UN CUÁNTICO ALETEO, si queréis podéis llorar cuando suena un despertador, un teléfono que atosiga por no tener las monedas de Judas o Caronte, una realidad que se mueve con los sentimientos del semáforo. Si lo deseáis podéis optar, por las genuflexiones de mangas borrachos, o por ser, una brizna de luz distraída de ausencias. Podéis participar con todo lo que os propongáis, pero no me preguntéis por qué para esconder el rubor, mientras digo que te quiero, se mira a la luna, ni me toquéis mucho las canicas que me muestran en su interior figuras con corazones de agua, ya que aunque mi cabeza sea joven, mi cuerpo está tremendamente cansado de ver y sentir la inutilidad de tantos esfuerzos, y sí, sí, no aguanta nada.
En Un cuántico aleteo espero, como buen esclavo, el veredicto rojo del Smartphone. Las formas nuevas de sorprender al amor, Los distintos manojos de flores con las que te voy etiquetando.