lunes, 28 de septiembre de 2015

Cuando cocina el hombre



No, claro que no estoy enfadado.
Lo que se ve, es lo que queda del hombre
después de su jornada.

Y a lo mejor algún día
al hombre se le ocurre
ignorar los mensajes,
abandonarse a la meditación,
no contestar a mis correos,
romper el compromiso de los dioses
y abrir a otras pupilas,
un negocio de compra venta
de artículos sexuales.

A lo mejor al hombre se le ocurre
cocinar en directo patatas revolconas,
poner hora tras hora, propaganda
en las cadenas de televisión,
inmolarse ante mis excusas

No, no tengo motivos para estar enfadado:
aún me queda cobrar el desempleo.

¿Vas a querer las tostadas con miel?

jueves, 17 de septiembre de 2015

POEMAS PARA CREAR ESCUELA VI. David Abad




Hoy me vuelvo a sentir afortunado, pues un grandísimo poeta como es David Abad, me presta, con un título, tan a lo Larsson, este poema para crear escuela Adiós de un Pil a un encargado aficionado a la pimienta y a la silicona.

David Abad con su primer poemario impreso, EN FUGA ya nos fue cosquilleando casi todos los sentidos, hasta, conseguir hacer que abriesemos con ese incontrolable torrente que lleva hacia el mar amplísimo de la nueva poesía, los pestañeantes ojos del alma.

David Abad, pese a quien pese, es un genio con sus miserias y opulencias, con sus desdichas y su felicidad. Un genio que quiere ignorar las afirmaciones de Beckett en las que dice: que ser un artista (en el caso de David, poeta), es fracasar como nadie se atrevió a fracasar antes. Y aunque yo discrepe de esta afirmación, ya que si por ser fracasado, se llegase a ser artista; David sería el "más mejor" de ahora y siempre en cada segundo, pues sobre el fracaso, y justo ahora, en este momento, nos podría ilustrar con algunos ensayos e infinitos artículos, y no, no es desde esta perspectiva desde donde me introduzco en su genialidad, esa que como el recuerdo llega de otro tiempo, otro tiempo donde por ejemplo: Gil del candelabro sólo era una perífrasis eufemística de gil…, y como dice mi sobrina: lo que sigue. Hoy, parece ser la calificación habitual del poeta. Decir qué se es poeta, es lo mismo que decir, qué se es, "gilipollas". No existe la profesión de poeta como profesión remunerada. Y sin embargo como escribe David en otro de sus poemas:

Parpadea el día
Y las toallitas del alba refrescan el cuello
A los que siguen soñando


Ser poeta para David Abad es seguir soñando, seguir buscando y encontrando las metáforas-visiones de hoy, los encuentros con las nuevas formas y formulas que han de reproducir mañana en el lector, esa gran idea de que ahora está leyendo escritos universales “Y el alma ha roto la cadena del frío.”


Hoy que se mueve el mundo sobre todo por esas delicadas hebras de acero del interés, ¿Qué argumentos nos propondrías para que este u otros mundos, leyesen tu poema?




Para que leyeran mi poema iría a lo clásico y a lo loco y recitaría en cualquier esquina de cualquier lugar y con grandes dosis de entusiasmo y resignación declamaría o berrearía mis palabras o las de otros de mi cuerda

con la desesperación del último día


Muchos más y yo mismo afirmamos que esto es cierto
Un grandísimo abrazo David Abad y hasta que despierte el dormido mundo poético, muchísima suerte


Adiós de un Pil a un encargado aficionado a la pimienta y a la silicona

Tengo un jefe señalado por el dedo pírrico
de una rosa liberal.
Es un rucio con la piel mediocre y agradecida
un garañón a sueldo de los iletrados
que no estudian mérito ni capacidad.

Tengo un encargado que no es parque ni jardín
que no sabe ni savia
y que sólo piensa en verde cuando ve faldas.

Tengo un supervisor que funciona a piñón fijo
y a cerebro estático contra la crítica
que no entiende de gramática
pero que arroja a los leones todos los sentidos comunes
del diccionario)

Tengo un oficial mayor que bebe galones de petróleo adulterado
y obscenidades al por mayor
mientras amanece por encima de su hombro el poder ilegítimo
de una casta que no se llevó el huracán

Tengo un emperador de almacén que se va a quedar sólo sin mí
el próximo martes de otoño y carnaval
cuando mi dignidad diga adiós al uniforme
con las orejas sordas y ciegas
a su última orden sin concierto

David Abad

martes, 15 de septiembre de 2015

LOS LABIOS DEL DISCURSO




Hubiésemos podido coincidir
en cualquier juego de ambigüedades,
en cualquier escalera, en cualquier autobús,
en las playas al sol del infortunio,
en los vértices ebrios de la casualidad.

En los impulsos de la noche:
dos cuerpos, dos excusas, dos latidos,
remolinos del aire en las baldosas,
en las líneas del pliegue pálido de la ausencia,
en esas luces duendes de alguna pedrería
por excavar hoy,
en el calidoscopio amanecer de los sueños.

Frente a frente, el beso amor
que abre los labios del discurso.

Hubiésemos podido coincidir
como invitados de lujo en la misma fiesta,
al atardecer que seca los labios
de todos los colores que huelen a despedida.

domingo, 13 de septiembre de 2015

A LA UNA Y ONCE de Un cuántico aleteo



Hasta que mi cabeza no vuelva a estar en sus sitio, y eso, por lo que parece, irá para largo, he de comunicar que no os regalo más versos, (después de ocho años he llegado a la conclusión de que, todo lo que se regala, no se aprecia) por lo que, si me queréis seguir leyendo, que particularmente, claro está, me importa un huevo con patatas y cebolla, tendréis que buscaros otra forma de hacerlo. Bien en las bibliotecas, bien comprando mis libros, bien ignorándome como hasta ahora habéis hecho. A mí entender, no se han alcanzado los objetivos fijados, con lo cual, alguien (y por una vez no voy a ser yo) tendrá que pagar los versos rotos.

sábado, 12 de septiembre de 2015

desde el fondo del verso LA ANADIPLOSIS





LA ANADIPLOSIS

La anadiplosis es una repetición de palabras que hoy estrena el vestido de los idiomas, mientras busca, desde su alma tentativamente juvenil, destilar la esencia de las revoluciones. Aunque las palabras que dan nombre a las anadiplosis, despierten casi rozándose, como de tarde noche y amanecer, no por ello pertenecen a la misma unidad sintáctica, pudiéndose considerar la muerte por seducción de un verso con su último suspiro y a continuación el renacer de un nuevo amor en otro verso con ese mismo suspiro casi, casi gastado, de bajar y subir y bajar el vino y las cervezas. Lo viejo y lo nuevo apenas rozándose un instante, justo, ese instante que intensifica con un fogonazo o un crujido o una disonancia, todas las voces con ecos desde las alcobas, detrás de los visillos donde se recrean considerando nuevas expectativas; poco después de llenarse de coches la mañana, de vísperas, de encuentros, de tardes y anotaciones.

La anadiplosis se representa en los versos con la última palabra expirando y la resurrección de esa misma palabra en el verso siguiente como palabra con toda su nueva espiritualidad, el intermedio entre la apertura y el cierre de los semáforos, mientras en algún reproductor de la cabeza, suena el piano la músicas del momento. El agua que hacia mi fluye y la sed que me aplaca, tienen como meta la intensificación expresiva de los buenos y malos amaneceres. La anadiplosis desconocida para el gran público, sirve de comodín y de victoria comprometida con esa moral nada evidente de los versos o las caricias, al reposo de una cúpula azul.

¡…tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy, siento por vosotros, en el fondo
del corazón tristeza,
tristeza que es amor
Antonio machado

Dulces palabras ya nunca
nunca os volveré a escuchar,
calles dormidas mis pasos
ya nunca os despertarán.
J. R. Jiménez

Lo que se sabe es que su lisonja se va con cualquiera
y cualquiera es hoy el primero que silba
Juan Carlos Mestre