lunes, 1 de diciembre de 2014

ALGUIEN SIN NOMBRE Desde el fondo del verso



La vida de uno es ya la vida de todos los hombres // Jaime Gil de Biedma

ALGUIEN SIN NOMBRE ayer fue detenido y absuelto por esa incógnita que sin duda simbolizó desde siempre la existencia del hombre y el poeta, ese entrecruzar la negación, la no existencia, la nada de todo lo que nunca nació y que tal vez, solo por eso, no se le pudo dar nombre.
En ciertas cosas es tan lenta la evolución del ser humano, que solo en la madurez nos damos cuenta de cuanto nos detuvo la niñez, la infancia, la juventud con su veloz ajetreo, con todos esos atajos que intentamos coger para llegar cuanto antes a nuestra meta supuesta.

La interpretación sencilla que seguro viene a ser la más cercana al sentir general, dice que en su conjunto el poema es un paseo. Un paseo que va desde las cualidades particulares del hombre, en este caso, un José Carlos real con todas sus verdades, hasta el mismísimo alma de alguien sin nombre a punto de abandonarse frente al mundo, olvidando su ética actitud, su tierno besamanos, su inútil crucifixión.
Alguno podría decir, que casi en su totalidad está escrito en versos libres, “y ya sabemos que el verso libre es un compromiso humano con la sociedad” de 11 silabas, exceptuando el verso (permítanme que les presente) que es de 9 y muy bien podría representar el cuerpo del hombre, y los versos (sus labios cancerígenos /…y malversador de instantes) que son de 7 y vendrían a representar sus brazos. El poema en sí, con sus tres estrofas, podría asemejar esa cruz que forma el hombre en pie con los brazos abiertos. Como si gritase: ¡aquí estoy! ¿En qué me he equivocado?

Sí, tengo que reconocer que el poema está estructurado sobre una calculada imaginación de sonidos, sobre las aliteraciones que aportan el ritmo y la extensión necesaria, sobre la sinécdoque humana, sobre la repetición del hipérbaton, sobre la omisión de la anáfora del primer verso, al comienzo de las otras dos estrofas.

Aun a pesar del tono tenso y hostil que se pasea por todo el poema, nos muestra un hombre de carne y hueso elevándose, un hombre mortal, una persona buscando, tras caer y caer, un resquicio de esperanza; un nombre o en su defecto, seguir teniendo el suyo.

La disección profundamente libre de una cabeza sin colchas ni almohadas, diría que Alguien sin nombre en una primera lectura, podría parecer un poema collage, y causar la impresión de ser un verdadero galimatías, un sin sentido, un desbarajuste, un caos sin flautista de primer orden que pueda detener el desconcierto, como si las palabras y los versos hubiesen salido de una coctelera, para después de unos cuantos tragos reírse o reírnos de nosotros mismos. Sí, reconozco que esto fue lo que pensaron la gran mayoría en esa primera lectura, teniendo por supuesto toda la razón. Pero como la razón, llega solo a lo más próximo, a lo más inmediato, a lo más esencial, creo necesario al menos intentar, que una parte de lo expuesto, esa que va un poco más allá de lo verídico, pueda transmitirnos otras cosas.

La colocación de cada, morfema, lexema, palabra, verso y estrofa, acoplándose magistralmente para mostrar lo que el poeta quiso comunicarnos, así nos lo confirma. Y al final casi como sin querer, parecerá que sí, que todo encaja, que todo está escogido y puesto ordenadamente, siendo capaces si nos detenemos un momento, hasta de oír los latidos de su corazón: to, tar, tan, te. (Con todas sus verdades a imitar / permítanme que les presente). Te, ta, tas, ta, te, ta, tal, ta, ti, ta, te, te. Aliteraciones que salpican todo el poema con una sucesión de sonidos sordos, vibrantes y sonoros, sordos y sonoros, sordos, cuyo resultado es conseguir hacer que nos invada una fuerte sensación de angustia, de tristeza, si me apuras de intranquilidad, que contrarresta significativamente con lo que realmente quisiésemos encontrar: paz, reposo sosiego tranquilidad. Sobre todo para trasmitírsela al angustiado personaje lírico.

Casi de entrada se aprecia que es un poema de versos medidos, en su mayoría endecasílabos propios, de acento obligado en sexta y décima, utilizando de forma descarada el oficio poético y como ejemplo, no hay más que fijarse en el verso que abre la composición.
Por – si – nohu – bie – sen – leí – doa – jo – sé – car – los = 11
Donde utiliza la sinalefa, que unifica palabras que acaban y empiezan por vocales, pensando en este caso que también se contabilizan como vocales, la y, h, aunque en todos los demás quede, por supuesto, en manos del autor utilizar o no la licencia poética que tiene para ello.

La licencia poética es el comodín que posee todo autor para romper o no, las normas: sinéresis que unifica hiatos y diéresis que los separa. A la hora de medir el verso, también tiene presente que si acaba en palabra aguda o monosílaba, se cuenta una silaba más: con todas sus verdades a imitar 10+1 = 11. Y que al acabar en esdrújula una menos: sus labios cancerígenos 8-1 = 7. Así como hacer que sean neutrales, las que son llanas.

Yo diría que en esta composición el poeta huye de los versos fáciles, y arriesga en exceso con los susurros melancólicos que trae el surrealismo cotidiano, haciendo que el hombre mortal encuentre un resquicio de esperanza, una llama que da luz a tanta oscuridad, sobre todo, con esa sinécdoque de Jesús en el último verso de la segunda estrofa: otro inmortal Jesús en los gimnasios. Donde ese Jesús es dios, pero a su vez es también, un vecino, un compañero, un amigo, un familiar, es todas aquellas personas que animan a continuar cada día, a levantar y seguir aun después de haber caído, y para confirmarlo, el autor traslada hasta igualar la identidad humana de José Carlos, con la identidad de ese dios, vivo, actual, presente, pero no con el deseo de ponerse en su lugar, sino por afinidad con el sufrimiento que comparten: detención, condena y muerte en el último verso que mentalmente se pluraliza

Entiendo que la poesía en este mundo del aquí y el ahora, ésta que se recita de golpe, y al instante siguiente ya es pasado, ésta que por supuesto duele acaso por tener que pensar, resulte difícil, complicada, oscura, tal vez innecesaria por acercarse a los sonidos semejantes todos los días. Pero como tengo en tal alta estima la inteligencia del ser humano, sé que puedo moverlo de su círculo de confort, ponerlo nervioso, hacer que trastabille y caiga, para luego totalmente fortalecido, disfrutar en cada momento de esa poesía que abre todas las puertas del alma y de la calle para mostrar complaciente todos esos mundos que se encuentran entrevelados detrás de tantos corazones, de tantas cabezas, de tantas miradas. Pienso que leer o escuchar poesía supone dejarse llevar, salir de la rutina por un sueño de intenciones, elevarse y penetrar verso a verso, los distintos lugares de un alma juguetona y confidente, siendo por ello, que avanzando entre estas premisas, podría decirse que tras una primera lectura, queda claro que el autor busca presentar de golpe, una poesía rasgada de forma diferente, en la que para llegar al desenlace final, el hilo conductor lo enhebran las sinécdoques de José Carlos, de Beyoncé y de Jesús, introduciéndonos en la experiencia del ser humano como esas partes de un todos que son los hombres, con sus tropiezos y sus preguntas. Para confirmarlo, nos lo expresa con otras tres sinécdoques, acaso menores, pero no menos importantes como son: los labios, las piernas, el cerebro, partes importantes de su cuerpo

En esta composición, cuentan los versos y las palabras dichas, pero sobre todo cuentan los silencios y los versos omitidos. Es un poema circular, un camino que nos lleva desde el José Carlos del primer verso, hasta ese alguien sin nombre del último, ese alguien que ayer fue detenido ¿Por qué? La única conclusión a la que se llega, es: por haber nacido.

Interpretación libre

Por si no hubiesen leído a José Carlos o a juan a pepe a Luis ¿qué importa quién? no importa nada, lo único que importa es que tienen todas las verdades, como hombres, como humanos, como seres imperfecto que sin explicación aparente se presentan como una sinécdoque que va ampliando mentalmente las partes de un todo. Una contradicción que de tanto ser esa verdad revelada por la razón y por el verbo, se transforma en mentira

permítanme que les presente
con este nunca o beso que se olvida
Donde nunca o beso es la metáfora necesaria para representar al hombre, al beso del hombre con su destino, ese beso que dieron esos labios de hombre, cancerígenos y provocadores que se bajan en la próxima estación, abiertos a todas las verdades a imitar siempre entre las mohosas paredes del tiempo. Ese beso que se dio tal vez furtivamente, ese entre tantos es el que nunca se olvida.

Las hipérboles exageraciones tanto por defecto como por exceso de todas y nunca hacen de contra peso para sostener la composición.

sus labios cancerígenos, no nos los presenta como son, sino que nos dice lo que significan y sorprendentemente nos los iguala con un ídolo de masas actualizado que pone los tres versos en el mismo plano.
Sus labios cancerígenos metáfora simbólica = labios cortantes = labios infectados = labios de muerte
Labio = juventud = insinuación = sonidos = silencios = voces = palabras = miedo = peligro = tabú = felicidad
Cancerígeno = juventud = insinuación = sonidos = silencios = voces = palabras = miedo= peligro = tabú = felicidad
Beyonsé = juventud = insinuación = sonidos=silencios=voces=palabras = miedo= peligro = tabú = felicidad
Provocadores = juventud = insinuación =sonidos = silencios = voces = palabras = miedo= peligro = tabú = felicidad

igual que Beyoncé es un símil y además es sinécdoque como José Carlos del ser humano

provocadores hipérbaton a labios cancerígenos

bajándose en la próxima estación. metáfora simbólica, metáfora de tránsito, metáfora abierta a diversas interpretaciones. Estación de autobuses, de tren, de metro, estación del año, estación de la vida del hombre

Mordiendo piernas y gotas de lluvia piernas alimento para el cuerpo y gotas de lluvia que alimentan el alma, mordiendo piernas = dolor = alimento del cuerpo por la carne y el alma por el sufrimiento gotas de lluvia = lágrimas

la globalización de su cerebro el conjunto la totalidad
inevitablemente representa
otro inmortal Jesús en los gimnasios. En los gimnasios es una sinonimia de lugar abierto a la calle, a casa, al hoy como presente ampliado, metáfora del trascurrir del tiempo, pero también podría representar el no pensamiento, ese dejarse llevar, ese dormir sobre su blanco absoluto.

anáfora omitida del primer verso enumeración
Especialista en la gestión del mundo
malversador de instantes,
alguien sin nombre ayer fue detenido
.
La humanidad a pesar de nacer libre de poder decir o hacer lo que le venga en gana, por toda la carga histórica del mundo desde su nacimiento su libertad fue detenida

Beyoncé representa lo general actualizado, Jesús lo general pasado y entre estas dos generalizaciones se mueve José Carlos como individuo, como ente canalizador al que se adhieren las formas contenidos.

Alguien sin nombre es un poema abierto a tantas interpretaciones como lectores lo tengan en sus manos.

ALGUIEN SIN NOMBRE

Por si no hubiesen leído a José Carlos
con todas sus verdades a imitar,
permítanme que les presente
con este nunca o beso que se olvida
sus labios cancerígenos,
igual que Beyoncé provocadores
bajándose en la próxima estación.

Mordiendo piernas y gotas de lluvia
la globalización de su cerebro
inevitablemente representa
otro inmortal Jesús en los gimnasios.

Especialista en la gestión del mundo
malversador de instantes,
alguien sin nombre ayer fue detenido.

ALGUIEN SIN NOMBRE (tras desaparecer el hipérbaton)

Por si no hubiesen leído a José Carlos
con todas sus verdades a imitar,
con este nunca o beso que se olvida,
permítanme que les presente
sus labios cancerígenos y provocadores,
la globalización de su cerebro
malversador de instantes,
igual que Beyoncé
bajándose en la próxima estación.

Por si no hubiesen leído a José Carlos
mordiendo piernas y gotas de lluvia
inevitablemente representa
otro inmortal Jesús en los gimnasios.

Por si no hubiesen leído a José Carlos
especialista en la gestión del mundo,
alguien sin nombre ayer fue detenido.

viernes, 21 de noviembre de 2014

POEMAS PARA CREAR ESCUELA V Ronald Campos López




Sorprendente.
Para este blog de poesía última contar en este espacio con Ronald Campos López es un gran honor a mano alzada. Espero que a todos ustedes, vosotros, tú, elevéis al cielo falso de Machado la misma conformidad.

Ronald Campos López es un jovencísimo y sorprendente poeta de Costa Rica, donde tienen la suerte de leer sus artículos en: Educación, Kañína, Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica. En España colabora en Cauce y en Italia en Artifara. Actualmente, realiza sus estudios de doctorado de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Valladolid, España.
Un trotamundos literario, desde su perspectiva trascendentalista, miembro del Circulo de Poetas Costarricense y del Grupo Samarkanda, es autor de poemarios como: Deshabitado augurio (2004) Hormigas en el pecho (2007) Navaja de Luciérnagas (2010) Varonía (2012) Mendigo entre la tarde (2013) y La invicta soledad (2014) al que pertenece LOS RIESGOS DEL LABIO el poema para crear escuela.

Gracias Ronald por habernos, haberme dado tanto.

Hoy que el mundo se mueve sobre todo por esas delicadas hebras de acero del interés, ¿qué argumentos nos propondrías para que éste u otros mundos, leyese tu poema?

Gracias por considerar uno de mis poemas. A ver, te respondería: Tanto este como otros mundos aguardan un fin, pero no definitivo, sino regenerativo, y es en el amor, en la cotidianidad amorosa, doméstica, erótica y mística donde esta muerte se adelanta, se ensaya o se actualiza, dejando que ese hombre y esa mujer, esos dos hombres, esas dos mujeres encuentren lo infinito en lo finito, lo trascendente en lo inmanente.

LOS RIESGOS DEL LABIO

Morir siempre es ganarle
al ruiseñor lo que ha olvidado

Morir es siempre arriesgarse a ser de nuevo un niño.
Incluso cuando la muerte
tampoco existe,
¡incluso cuando la muerte
tampoco existe, pero se ha detenido ahora a esperarnos!

Todo se lo he robado
con un beso a la muerte.
Todo como hacernos el amor
entre interrogaciones
temibles en la tarde.
¡Todo como tus piernas,
monedas olvidadas
entre mi noche!
Todo como tu pelo antes, cada mañana antes
de asumir terrenal algún trabajo.
Todo como prosperar simplemente
semejante a la paz
sobre tu cuerpo.
Todo como advertirle al infinito
que en la muerte él
también será vencido.

Todo se lo has robado amado mío,
Con un beso a tu muerte y a mi muerte.

Ronald Campos López

viernes, 7 de noviembre de 2014

UNA SOMBRA ELEFANTE



Por un instante me sentí superior, enfebrecido, intratable... como el nieto de las crónicas iluminado por la magia de un Livingstone protagonista. Desperté, próximo al tañido etéreo del aliento que unifica los mundos y regala, en ocasiones, la cama sin hacer de la felicidad. Tras abatir la pieza, fue como si toda la sabana se hubiese quitado de golpe su penumbra matutina, como si toda la sangre, hasta entonces retenida por el encuentro, volviese a correr cada vena, reactivando con deleite todos los miembros dormidos.

Es obvio, que en el óleo pintado del alma, en la inmensidad de la llanura, las huellas de los elefantes, son fácilmente distinguibles y sencillas de seguir, pues, como ya quedó dicho en la parábola; las otras especies, hunden y pierden las suyas dentro de estas. Abatirlo al sol vertiginoso de la impaciencia, a los sesenta metros que salpican de incógnitas y orgullo la distancia, a pesar de que todas las premisas nos sean favorables, resulta un poco más complicado.

Y aunque sí, es cierto que siempre habrá excepciones, que, como hiciese aquel David, ponga de culo al Goliat elefante con un sólo disparo certero en la cabeza; la mayoría de las veces es preciso utilizar, en el mapa infinito de su cuerpo, hasta cinco negaciones y una afirmación: dos avispas que le alcanzan en el muslo, un mosquito en la piel de la memoria, y tres miradas, como de azul y buenas noches, en la caja grandísima de los latidos. La mía, diminuta e insignificante, sólo crece cuando se enamora. Seis intentos a este lado sucio del cristal, seis disparos, seis gritos que tiritan de luces y se encharcan de sombras. Una pieza admirable, que cuando se siente caer al fondo de la mañana, provoca el mismo estruendo que provoca el mundo cuando se derrumba.

Siempre pensé que el rostro de los hombres, se desabotona al paso de las horas y muestra su cansancio sólo al final de los días. Pensé que si una diana era destellante como el cielo iluminado por el vuelo de las luciérnagas, ningún mal cazador podría fallar. La experiencia que pasea alocada por el valle de las arrugas, hace qué, de inmediato, actualice este pensamiento, pues, en lo que no pensé, mientras cargaba y disparaba siglos de ignorancia y días de arrebato, fue en la teoría, esa que dice, que a más volumen en los pretextos de la luz que se extiende desde el ojo al aire; menos penetración.

Si, reconozco que el safari estaba programado para otros, pero, cuando nos lo propusieron, sólo necesitamos un instante para asentir. Poco después, casi como en una fantasía, admirábamos desde el cielo, la nube de espuma que se crea, al golpear el río la mañana, y así, una vez en el campamento de Victoria Falls; mientras los habitantes del poblado nos daban la bienvenida con cánticos y bailes; sudorosos por el sol de las doce, incrédulos, nos pellizcábamos para reafirmar la certeza. Como único equipaje teníamos las armas que colgaban del hombro, el otro el que habíamos facturado y que incomprensiblemente nunca echamos en falta, se había perdido.

Lejos quedaban las trenzas del agua en la bahía, las medias verdades del asfalto, los besos de la buena suerte. Aquí, en estos paisajes donde las sonrisas se renuevan y cambian de postura en cada amanecer, donde los ojos duelen de recorren sin brújula los mapas del mundo a la deriva, donde las horas tropiezan con la mala leche del sol que nos abrasa y nos alumbra a favor del viento..., aquí sólo queda terreno y más terreno ondulante, para en el peor de los casos, meditar.

Las palabras siempre tan escuetas cuando se trata de expresar sentimientos, en estos espacios tan amplios, apenas si nos sirven de vínculo comunicativo; es la semiología de los gestos y las señales lo que mejor se entiende, por eso nuestro guía, de pronto levantó la mano y la extendió hacia el horizonte, hacia allí donde pacía aquiescente la manada.

Bajo el marchito azul de la tierra nativa, seguimos durante mucho tiempo los senderos desnudos del mundo que cumple su destino, y las huellas de los elefantes marcadas en el barro, como una llave que sin girar, nos llevan hasta el estrecho paso que separa el medio día desnudo del lamento y la muerte, hasta distinguir en el rojo afilado del estío, nubarrones sobre el corte pedregoso de una montaña.

Desde nuestra posición, salpicados por el terreno, distinguíamos acacias, mopanes, miombos, tecas..., parte de una vegetación malva, y verde oscurecido, constelaciones que proporcionan borracheras de sombra y sueño. Sombra gratificante, sombra deseada, fresca sombra capaz de hacer dudar si seguir o quedarse. Sólo fue un momento, lo sé, pero reconozco que la tentación, quiso acercarme su mano intrusa, mano a la que ya iba ciego del cansancio y la sed, cuando nuestros ojos y todos nuestros sentidos, bailaron al descubrir el objetivo de nuestro viaje. Un tatuaje en la piel del elefante.

Nos acercábamos con sigilo, pidiéndole a todos aquellos que pudiesen hacer algo, que no cambiase el aire. Nos detuvimos a una distancia prudencial y observamos como ajenos a nuestra presencia comía y jugueteaba la manada. Pacientes esperamos la mejor ocasión. Ésta se presenta momentos después cuando un gran macho viejo, acaso sabedor de lo que iba a suceder, se aleja del grupo unos metros y se pone descarado a mirarnos. Recuerdo que pensé en la distancia de sus ojos, en la inmensidad de su mundo interior, en los días de alimento que iba a suponer para la tribu. La adrenalina aceleraba todo mi ser, el corazón estaba apunto de saltar y salir corriendo, la presión en las sienes me nublaba la vista.

Tal vez excesivamente confiado, coloco mi Blazer sobre la vara, apunto al centro de la cabeza y disparo, totalmente convencido de que algo iba a caer y sin embargo, en el último instante con un leve movimiento que hizo el animal, el proyectil, del 3.75 de punta blindada, pasó apenas sin rozarle. Vuelvo a cargar, apunto y disparo y disparo y disparo hasta seis veces seguidas.
Que razón tenía Rilke cuando escribió que: "Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible, ése que todavía podemos soportar; y lo admiramos tanto porque, sereno, desdeña destruirnos".


jueves, 23 de octubre de 2014

ENTERRADOR DE GUERRAS



Me quema este aire que tanto transito.
Me besa anárquico y confidencial,
Me desnuda de urgencias, de nostalgias,
de rojos, de guiños, de multitudes,
toma impulso y no hay distancias
que no recorran sus besos.

Es probable que mis brazos de inútil
enterrador de guerras y de brindis,
vayan hasta tu mundo de verso a saludarte,
que rodeen de mañanas tu cintura,
que frieguen los platos de la discordia
y cubran de caricias los conflictos de tu piel,
de tu geografía tan besada de agua.

Me quema tanto esta clausura de mundo,
de ciudad nuevamente edificada
sobre este tamizado
terremoto de existencias,
sobre este dos mil cuatro inteligente
que se abre luminoso en la cocina.



Perteneciente al libro “De todo lo que no se pierde”

lunes, 20 de octubre de 2014

ABSURDOS DE LA CALLE




La calle vuelve a ser hoy,
el solido diseño
de esta cabeza nuestra
tan turística siempre,
tan transitada de mañanas
de vidas que acuden y esperan
la llegada de esos últimos metros,
que vienen tan puntuales
y nos llevan tan deprisa al olvido.

jueves, 9 de octubre de 2014

Solo recuerdos



Hasta que mi cabeza no vuelva a estar en sus sitio, y eso por lo que parece irá para largo, he de comunicar que no os regalo más versos, (después de ocho años he llegado a la conclusión de que todo lo que se regala no se aprecia) por lo que, si me queréis seguir leyendo, que particularmente, claro está, me importa un huevo con patatas y cebolla, tendréis que buscaros otra forma de hacerlo. Bien en las bibliotecas, bien comprando mis libros, bien ignorandome como hasta ahora habéis hecho. A mí entender, no se han alcanzado los objetivos fijados.

lunes, 29 de septiembre de 2014

EL GRITO EN EL COSTADO



Hasta que mi cabeza no vuelva a estar en sus sitio, y eso por lo que parece irá para largo, he de comunicar que no os regalo más versos, (después de ocho años he llegado a la conclusión de que todo lo que se regala no se aprecia) por lo que, si me queréis seguir leyendo, que particularmente, claro está, me importa un huevo con patatas y cebolla, tendréis que buscaros otra forma de hacerlo. Bien en las bibliotecas, bien comprando mis libros, bien ignorandome como hasta ahora habéis hecho. A mí entender, no se han alcanzado los objetivos fijados.

LA LETRA PEQUEÑA DE UN SEGUNDO FELIZ



Este fue mi letargo.
Y la letra pequeña de un segundo feliz,
un viento de inquietudes superables
por la espina dorsal

Porque al nombrarte fue festivo,
para salir del bosque
existe siempre la tristeza
y en la cola de las panaderías,
indicaciones al tuntún del tronco
donde no queda más que un porvenir,
muy semejante a los fríos del norte
de algo que tuesta la corteza
de todo lo que me impresiona:

los grafitis de un cuerpo fluorescente,
y esos caminos blancos de algunas emociones,
en la doblez de las sabanas,
del trigo al sol de los misterio
que guardo en mis alforjas.

Ofrezco lo que tiene verdadera importancia:
el equilibrio de las calles en las enciclopedias
donde se buscan, la isla o el mapa del segundo feliz.

jueves, 18 de septiembre de 2014

CON FECHA DE CADUCIDAD




Nos educaron como a dioses
pirateados de una falsa versión.
Como una perfecta disculpa de su fracaso.
Como mortal simiente
de otra simiente muerta

Se olvidaron decirnos que nacimos
con fecha de caducidad.


martes, 2 de septiembre de 2014

MAXIMIANADA 57




Es justo en este instante que agoniza,
cuando más se desea tener bronca
de frente o de costado
a tiempo parcial si me apuras.

miércoles, 2 de julio de 2014

LA PROLONGACIÓN DE LOS OJOS



Entre la calle y Dios nunca antes
existieron tantas distancias,
tantos metros y metros de historias,
de zanjas abiertas en las aceras.

Entre la calle y Dios asfalto rojo
terremoto donde se hunde
un poco más cada día el ser humano.

Entre la calle y Dios el equilibrio,
la prolongación de los ojos,
una ventana de imágenes sueltas,
todo el crepúsculo que se abre
como una oración al pensamiento,
y se cierra ebrio de cenizas.

Entre la calle y Dios ahora,
mi ventana es la tercera.

Perteneciente al libro DE TODO LO QUE NO SE PIERDE


martes, 1 de julio de 2014

MIGUEL DELIBES CAZADOR




Sé que Miguel Delibes está aquí, aireando en esta hoja sus pensamientos, en el último coto, en plena naturaleza: a la sombra del tiempo de su afición favorita. Sé que desde esta su atalaya, a la luz envolvente de alguna farola, contempla sin pudor el horizonte castellano.

Sé por lo poco que de él se comenta: que ya no caza, que ya no lee, que ya no escribe, que ya casi ni sueña, ni parecen revolotear en su cerebro las perdices del domingo. Y sí, sé también, que en los alrededores de su casa, aún quedan urgentísimos instantes, distintos para vivir primaveras, para matar las moscas del verano, para ilusionar e ilusionarse, con las risas de los niños. Quedan de su mundo los rotos de la voz al final de las nubes, los blancos besos a la luz de un sol que se va, las interminables bandadas y bandadas de plumas e imágenes al alcance solo de su impenetrable entendimiento. Quedan por suerte, las huellas de la planta del pie en sus escritos y en el camino, en ese que siempre nos acerca la distancia que hubo entre el niño y el hombre.
En su cabeza, o acaso solo en la mía, se aparean de dos en dos los recuerdos como las perdices rojas, como aquella señora de rojo sobre fondo gris: su libro y su compañera

Nació como quien dice hace un momento, en Valladolid, a la vuelta del penúltimo suspiro, un 17 de octubre del siglo pasado, el año 1920. Felicidades Don Miguel. Después de tantos años, mucha ha sido la suela desgastada detrás de los trofeos, tanto de caza como literarios.

Por la extensión de su obra e importancia de los premios que se le han otorgado: el Príncipe de Asturias, el Cervantes, el de las Letras Castellano-Leonesas, el Nacional de las Letras, el Nadal. Sí, creo que sería muy fácil escribir unos cuantos ensayos sobre su faceta literaria; sobre su retórica, su estilismo o su semántica. Pero como raro espécimen que soy, desde aquí, desde este mundo incierto del poema, quiero hablar de Miguel Delibes cazador. De aquellos principios de respeto y amor que le inculcó su abuelo, como trato imprescindible con la naturaleza. Quiero revivir esos paseos con la escopeta al hombro por los páramos, por los barbechos y las veredas de castilla, por ese cuerpo de mujer que siempre nos representó a todos. Quiero conversar con la sencillez de sus personajes, mirar al cielo y saber si va a llover, saber si el día es propicio para levantar la perdiz, si la liebre está encamada y por qué. Salir al campo y respirar su ritmo optimista, su cadencia, su imperecedera originalidad, su irreverencia.

Y en mi delirio, el ser curioso que me habita, sabiendo como sabe, el tiempo que hace que dejó de salir al campo, quiere preguntar: ¿cómo son ahora sus días de caza cuando los revive en su cabeza? Y tras meditar un segundo, adivino su contestación, viene a mí a borbotones, en vuelo raso y sin tapujos, abierta y animosa: “Magníficos, -me dice- los mejores. Los que nunca antes me hubiese podido imaginar. Son días casi perfectos, casi sacrílegos, días que llegan a rozar el pecado. Ahora, no se me escapan, nada más, que aquellas que yo quiero. Aquellas que sé, que al instante vuelven nuevamente a mí.”

Es ahora cuando Miguel Delibes se viste de cenizas y se desviste al aire de todos los compromisos, de esos que le vinieron impuestos por la imagen tradicional de la razón, siempre al borde de los labios, al final de las horas, en esta cama invento y reverencia, ánfora azul de la pupila ausente. Hoy descubro al Delibes que rompe la tradición con importantes fogonazos de realidad subversiva, atreviéndose a decir, a decirnos convencido que: “todo progreso, todo impulso hacia delante comporta un retroceso, un paso atrás, lo que en términos cinegéticos, jerga que a mí me es muy clara, llamaríamos el culatazo.”

La caza de la perdiz roja. El Libro de la caza menor. Con la escopeta al hombro. Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo. Las perdices del domingo. El último coto. Diario de un cazador. Son los libros que Delibes ha escrito sobre el mundo cinegético. Toda su vida y toda su obra son un constate lamento, una denuncia de todo lo que atente contra la naturaleza. Él es la propia naturaleza y nos dice que ésta, ya está hecha, y que toda pretensión de cambiarla, es asentar en ella el artificio, y por tanto desnaturalizarla, hacerla regresar. Todo cuanto sea conservar el medio ambiente es progresar; todo lo que signifique alterarlo esencialmente, es retroceder. Palabras sin duda para la reflexión

Fueron otras mañanas las que llenaron sus ojos de pájaros, pero es este, el mismo sol que ahora nos ciega, el que en tantas ocasiones le hizo rodar las palabras, y errar el disparo. Siempre en su punto de mira está la naturaleza y en el vuelo migratorio de la sed, todo lo relacionado con la caza. La caza es el equilibrio, su ruta de escape, la absolución y la condena. “Escribir sobre asuntos de caza –dice-constituye, en cierto modo una liberación de los condicionamientos que rigen el resto de mi actividad literaria. Si cazando me siento libre, escribiendo sobre la caza reproduzco fielmente aquella placentera sensación, torno a sentirme libre.” Nos atrae y nos vence en nuestro mundo sin herir. La alegría intelectual y el entusiasmo que pone, le compensan las fatigas que soporta

Este artículo apareció publicado en la revista Caza y Safari en su número de octubre del año 2008

jueves, 22 de mayo de 2014

ACABO DE LLEGAR



Acabo de llegar,
desmesuradamente
después de un aguacero
al ventanal de la aurora en tus muslos.

Si, acabo de llegar
al asilo del pubis que inventa la ternura,
aquí donde es probable que no vuelvan
a nacer en la noche
ni pájaros ni tu sonrisa .

Acabo de llegar
y tú te has ido
y tu viento y tu voz
hasta la asfixia
se agolpan fuera.

domingo, 11 de mayo de 2014

Consonancias del silencio



Solo en este momento de elegir
cierro y me derrito polvo de tantas ausencias:
la doble cara del árbol ante la puerta solo.

Déjame penetrar en tu silencio.
Déjame buscarte en el dintel desmemoriado
de todas estas cenizas de ausencia
que nos envuelven siempre, siempre.
Déjame acercar al beso todo su relámpago.

Aquí donde duerme la luna
su llamarada o su llanto de infancias,
hay puertas transparentes
que se cierran al abrazo veloz del olvido:
¡como si Dios nunca estuviese dentro!

miércoles, 30 de abril de 2014

EN EL INSOMNIO TE DESVISTO




“La vista miente y la mirada exilia: es el sueño idiota de una materia obsesionada; no hay nada que ver ni mostrar, el mundo es nocturno” Jean-Paul Sartre

Ojos de fiebre
que se alzan muy despacio
antes de salir a la calle.

A este lado de las palabras,
todo sigue normal y rutinario:
humanos que están hechos
de múltiples jadeos,
calles escritas
con caligrafía fugaz.
Cosas que vienen dadas
por la imaginación.

Desde los ojos idos,
el contorno de los dedos dibuja
ciertas tonalidades grises,
sombras de cuerpos que nos acarician
como el miedo de las personas
desde el blanco de la pared.
En el insomnio, te desvisto.


lunes, 28 de abril de 2014

EL LECTOR. ÚLTIMO VERSO DEL POETA

En el mundo lector, las matemáticas ocupan, sin duda, un lugar relevante. Según lo que sepa cada uno, según lo que quiera saber, según lo que interese en cada momento; eso será lo que descubra y llene de realidades o sueños las calles de su mundo, eso será lo que vea, lo que sienta o lo que viva en el poema. Es el lector quien puede dar más velocidad al tiempo o detenerlo si se lo propone, puede crear o destruir a su antojo, la línea que acota la oferta de la contradicción. El lector es el último verso del poeta, el que carga de energía casi sobrenatural el poema.

miércoles, 23 de abril de 2014

EL POETA Y LA POESÍA. Desde el fondo del verso




Entiendo que la palabra sea, la representación escrita del sonido, y el verso, la mezcla del sonido y la palabra, y el poema, la única llave que abra y cierre como un prestidigitador de instantes, todos los mundos despiertos o dormidos; incluso todos esos mundos que siguen el ritmo del ajetreo diario, esos que ocupan un espacio sensible y veraz, esos que duran lo mismo que dura una sensación intima, esos que conservan su autonomía erotizada por el suspense de lo que pueda o no pueda ser, que desarrollan en mí su política de paso imperfecto, que vienen con nosotros y se relacionan y conversan con toda naturalidad hasta que duelen o calman.

Hoy, que todo lo que importa pasa, me ratifico en que esta poesía de la que hablo, se debería tomar como un kit-kat, como una pausa, como un meditado silencio que viene y sustituye por sorpresa a los anuncios, a los prospectos de las medicinas, a las reuniones de las juntas de gobierno. Hoy, en esta sociedad donde se aceleran las causas del deterioro, debía de ser esta poesía, el preámbulo y la culminación del amor, del secreto del rito de las conservas, del apareamiento; el espacio habitado de la luz, el abandono dentro de uno mismo, la salida al mundo en esta forma de verso que en otros lugares ya os digo, la satisfacción plena de casi todos los deseos. Llegar a casa después de trabajar diecisiete horas y sorprender con una cena intima, luego detrás de los postres, abrir las hojas de los deseos y descansar o hacer el amor.

Afirmo y no me desdigo, que la poesía tiene que fascinar, tiene que sorprender, tiene que enamorar; tiene que abrir en el lector un apetito insaciable de nuevas inquietudes, tiene que ampliar el pensamiento de todas aquellas emociones conocidas, pero sobre todo, de aquellas otras que aún hoy están sin explorar. Tiene que sangrar para buscar su antídoto. Tiene que ser la cuna y la cama de toda felicidad. Tiene que conmover y conseguir encontrar algún motivo nuevo de entretenimiento. Tiene que despertar las facultades sensibles que causan admiración. Tiene que nacer y morir perfecta e imperfecta.

La poesía para que penetre y remueva, tiene que ser el relajo, la tranquilidad, la fuerza del movimiento continuo, el abandono de los mundos a voluntad de los mundos, la voz del silencio en su misma fuente, el miedo, la culpa, la debilidad, el pecado y la absolución, el pensamiento y a la vez la negación del pensamiento de generaciones pasadas, el futuro grito de la inconsciencia por llegar, lo perdido y lo encontrado entre todas las incógnitas juntas.

Como ya dijeron otros y yo ratifico, el poema convencido de su veracidad tiene que saber vender las diferencias que encierra dentro, liberar de su hermetismo toda su verdad, para ello, a su alrededor es conveniente que giren los mismos acontecimientos que giran alrededor del día, la calle, los semáforos, las normas y antinormas que calman el ajetreo y limpian la distorsión de los cristales donde se refleja.

Así, tomando como referencia estos nimios argumentos, podría afirmar que estoy capacitado para decir; que todo lo que esta a mí lado es poesía sucia, poesía sin pulir, poesía en bruto para el taller del poeta. El trabajo del poeta entonces, - digo, pienso, no me hagáis caso si resulto insufrible, - ha de consistir en saber seleccionar el instante preciso, el momento más oportuno, la situación mejor definida a la hora de negociar el sentimiento. De todos los aspirantes que se presenten a las pruebas, ha de saberse escoger, sin dejarse llevar, por la primera buena impresión, por el enchufismo o las notas excelentes que presenta, al más adecuado; ha de saberse elegir, por su valía y no por su nombre familiar, al candidato que presente más o menos cualidades poéticas, -y eso a poco que se observe, se ve al instante- . Por lo tanto, si no se quiere errar en la elección, el poeta de hoy ha de tener amplias nociones de los trabajos propios que se desarrollan en todos los hogares: barrer, fregar, quitar el polvo y sacar brillo. También es conveniente que tenga nociones de ensamblaje, pulido y construcción, que sea un manitas, un play boy, un caradura, un aprendiz y un maestro carterista; ha de saber desarrollar su don de gentes, bien para salir corriendo, o bien para enamorar y convencer a su público, ha de ser comercial y vender a jornada completa su postura.

¡Qué verdad, aquella que dice que el poeta sin lectores, no crea poesía sino versos vacíos!

En el pasado, para alcanzar este objetivo el poeta se valía de una serie de normas y movimientos, de una serie de figuras creadoras de imágenes que surgían en ocasiones espontáneas y en otras, solo imperfectas tras sufridos años de estudio. Entre unas y otras, el poeta de entonces iba creando telarañas de versos de milimétrica perfección.
Hoy creo que se debería seguir así, pero si aún así, para mover el alma del público no es suficiente, se deberían inventar otras imágenes nuevas, otras imágenes que maravillen, que lleguen y toquen descaradamente al lector, otras imágenes que abran nuevas puertas en los mohosos muros de los viejos poetas y sus discípulos, otras imágenes que rompan el círculo para que entren dentro nuevos aires y salgan grandes versos.

En la poesía de todos los tiempos, las figuras literarias, han formado; unas mejor y otras peor, la parte activa de la magia, del encuentro, de la tragedia o del engaño, de la continuidad o la quietud del universo poético. Hoy que se sienten dentro, quieren ser una realidad más, para que si después de la crucifixión aún queda algo, sea el principio del mejor poema.

Sé que es difícil, y psicológicamente no recomendable romper las tradiciones, quemar las enseñanzas que se tienen como normas a seguir toda una vida, los hechos y las acciones de otras vidas en parte equivocadas, otras vidas que dijeron en su momento lo que les apeteció, sin pararse a pensar en las consecuencias que ello acarrearía. Muy poco o casi nada he de decir a su favor, cuando percibo como muere mi mundo, en sus manos; el mundo del verso, el mundo que ellos me han traspasado, he de aseverar que muy poco tengo que decir en su favor, sino aceptan que existen otras formas de ver las cosas, fuera de sus miopes retinas.

Por eso; si se quiere poner en el lugar de privilegio que para mí merece la poesía, es necesario hacerlo sin dilación. Es necesario romper y dar comienzo cuanto antes a las nuevas formas.

Lo mismo estoy equivocado y el alejamiento de los lectores solo sea por cansancio, por desconocimiento, por dejadez o abandono; desconocimiento de los recursos estilísticos que utiliza el poeta, una de las razones por las que el deleite de un buen poema tiene hoy, como los locales elitistas, reservado el derecho de admisión Tal vez en esta sociedad donde para llegar a la gran mayoría, el trayecto más corto es el que más se vende, tal vez digo; puede que sea sólo la falta de tiempo para comer y reposar las ideas, una de las causas por las que casi las cuatro cuartas partes del mundo se han ido alejando de ese otro mundo del ensueño de las palabras.

La poesía hoy pide llegar más allá de los vértices del mundo conocido, pide entrar y quedarse en todos esos mundos de que se compone.

Como poeta y efecto de lo que digo, quiero compensar mi falta, quiero poner un poco de luz entre el mundo y el verso, el poeta y el hombre, el grito, la noche y el silencio con que se arrullan casi todas las cosas en la distancia. En "Desde el fondo del verso" intento saltar una o dos distancias entre el lector, el poeta y el poema.

martes, 22 de abril de 2014

INVOCO AL BESO




El beso es otra muerte transitando
por la oquedad de una respuesta.
Es otra aurora de azules revoltosos
en su recreo vencido de silencios.
Es el límite opreso de unos labios
zozobrando en un mar de bocas,
donde todas, todas las lenguas
se obstinan en remar.

Invoco al beso, al roce
del equilibrio de las cosas,
al torpe despertar del aire
cuando alzándose atrevido,
indulta la plenitud de la mano
entre su mundo convexo.

El beso es otra replica de un beso
que te vuelve cada día.

viernes, 11 de abril de 2014

TODOS LOS DÍAS



Sé que estoy condenado solo por respirar
la contaminación del hombre,
del polvo que sin duda cubre los mandamientos
de la vida humana,
de algún ser arrogante detrás del cataclismo
de los ojos y sus tragedias.

Aquí, sobre este tronco,
sobre esta tierra, sobre este asfalto
dónde se escuchan los ecos vitales
de las marchas festivas de los jueves,
del corazón despierto,
de unos labios que me saludan
aun sabiendo que aquí, nada está permitido;
yo me rebelo y en pleno día
a la vista de todos
me cambio el traje,
y oculto en mi apariencia informal
me visto mileurista de currículo
de esclavitud de los trabajos diarios,
de héroe de comic de carne y hueso
de apocalipsis y agitación,

Me desvisto y voy a ti, a cuerpo descubierto
a deshacer la cama, a luchar contra todo
y contra todas esas plumas del edredón
que inexplicablemente emigran
para formar en los extremos
montañas infranqueables
como las apariencias del infinito en fuga
o de ese ayer sin lengua en tus caricias

Todas esas criaturas
que por no dormir nacen en la noche
frente a los telediarios:
siempre me estremecieron,
como el sabor del pez espada
después de una disculpa,
igual que las sonrisas
en el rostro de algunos personajes
que deambulan por los pasillos
de la imaginación,
lo mismo que la sombra,
que tú controlas y yo niego.

Esa sombra de madre, que siempre nos sostiene
en el vértigo de un día sin aperitivo,
esa que también se desmaquilla y permanece
sigilosa, nocturna, blanca huida de la luz,
pendenciera detrás del cristal,
siempre a punto de dar la vuelta
para que no se le vean las arrugas.
Y al medio día, cuando el sol rompe los visillos
que cubren las cabezas de nuestro apartamento,
se sienta detrás de los bancos
de antiguas soledades,
haciendo que nos duela tanto el mundo.

Sí, en muchas ocasiones
mientras se consumaba nuestro amor,
fui consciente de que moriría por la noche,
atragantado por un pensamiento
de cualquier Fukushima azul,
que todo lo que intento me condena.

jueves, 30 de enero de 2014

HISTOEXPERIENCIA



Su leyenda decía
que nació, sobre un mil,
o un dos mil ochocientos
años cargados de inmortalidades
como cada mañana
con sus muchos destinos.

Y aunque es verdad
que fue después de Buda
y antes, mucho antes de llenarse
de agujeros el rostro
superior de la atmósfera,
sus crónicas, no quedan claras
en mis constelaciones
de siglos y más siglos,
ni se distingue bien,
por qué con él empiezan.

Por supuesto se intuye,
que fue algún día
entre los meses de junio y septiembre,
cuando al calor de los colores,
se llenan de familias
mafiosas las terrazas
y el cielo de relámpagos
sin posibilidades
para ver las estrellas.

Solía venir y venía,
con la envoltura de los lunes,
del juerguista totalmente agotado,
con la siempre apariencia
del trabajador público,
con el rictus de un miedo
que le viste con mandil esmeralda,
con una gran sonrisa
y una bandeja bajo el brazo.

Sí, solía venir del extranjero,
de dar la vuelta al mundo
de una copa o de un vaso,
de Londres, de Palencia de Hong Kong,
del abierto bisel de la hermosura,
de los sueños en las habitaciones
de las muchachas.

Sin quitar ni añadir detalles,
sabemos qué: el fin último
de cualquier recorrido,
es, a la conclusión del movimiento,
el orgasmo de las mujeres,
las que cuelgan pintadas
en la tienda de moda
y se exhiben después
en los museos del amor,
las que desfilan en las pasarelas
de esas cosas vivas aún,
que quieren volver siempre
para jugar en la luna del centro
con ese grillo de la jaula
que come verde los domingos
y sale a divertirse
imitando el susurro
de las citas y el juego
que describen los poetas de Turrialba.

Sí, claro que os lo digo:
dormía en los solares
calamitosos de algunas cabezas,
en el dibujo de una cama
pequeña e insuficiente,
en esa estupidez del jazz inmenso
que como las espinas,
siempre se le atraviesan
en medio de las mil o dos mil notas,
de la garganta con la que alguien
desvela su erotismo
y vomita en la sombra vuelta
de un dios tostado al sol.

Dormía a la intemperie
del ridículo que iba siempre
acumulando
en aquel aire anónimo
de los recuerdos,
con sus propios ronquidos
largamente abrasados
por la úlcera de junio,
ese junio que arropa
con nata sus mentiras.

Sobre todo al final,
me solía venir a ver,
no porque en mí estuviese
la noche repetida,
sino por conseguir
animarle algo,
al ser mucho más tristes que las suyas,
las historias que le contaba.

“Acaso sea solo por costumbre,
pero cuando se apaguen tus latidos,
me resultará muy difícil
tener que soportar
la sed de los luceros
de los cinco retoños
que se visten con faldas
de la sombra del roble
al otro extremo de la luna.
Todos durmiendo juntos
en el cuarto de las calderas.
Tú ya sabes que yo no pago:
ni agua, ni luz, ni gas,
ni quiero ver el duelo
de las columnas que conforman
el mundo de los patios
con las luces de los años noventa,
con esa pizca de invención
a la felicidad.”

Él tenía esa gracia
de los supervivientes
emigrantes en medio
de cualquier ciudad de adopción,
en las que ya no se distinguen
entre los rascacielos
las campanas de sus iglesias.

Sí, su leyenda dijo siempre
que nunca moriría viejo
antes de dar las dos.

lunes, 20 de enero de 2014

DE DIEZ A MIL PUNTADAS POR MINUTO AL AMOR



Una vez que salimos del útero materno, para todos había dioses, con su ir y venir, puesta, de un modo peculiar, los lunes la sonrisa, con la respiración al ritmo de los dedos y las costumbres, contra los bailes de las alas, visibles o invisibles, que rompen con su canto, el cielo caradura de la noche.

Y por favor, perdóname por no ser para ti
estrictamente asombro, los días y los sueños,
las servilletas de papel que limpian las historias,
el matrimonio, los bautizos, el aire trasversal,
que se me va escapando igual que ciertas fechas
y ciertos brindis y ciertas mejillas
perfumadas por el invierno.

Intento negociar igual que si pusiera
serpentinas de lluvia en cada amanecer
y luz entretejida en las fechas importantes

Intento negociar,
con el razonamiento
de un dios en calcetines
cada domingo en la tostada:
refinados detalles,
solo cuatro segundos del cuento que te cuento
frente a frente sin obra, dos actrices,
tres relámpagos sin tormenta,
ese millón de notas
en las que alguien desvela
el principio de alguna insolación
con los mecheros del olvido.

Una vez que salimos del útero materno, queda tanto que hacer, en los que miran solo detrás del para nunca de los escaparates, que es posible, que se den, de diez a mil puntadas por minuto al amor para que nada cambie.

En los días de fiesta hay dioses para todos,
algo en la luz que los distingue
por no tener escuela y levantarse tarde,
por vestir diferente sus mejillas,
por ofrecer hermosos nacimientos
a la felicidad del hombre y sus excusas.

viernes, 3 de enero de 2014

EL TRAUMA DE LOS CELOS EN LA INFANCIA




Hay en la noche una luna
con las piernas de los veinte años,
intencionadamente largas
como mis deudas,
como esa larga alfombra o cabellera
que siempre me reciben seductoras,
con la única intención
de apuntalarme a sus pupilas,
nueve meses después
de nuestro encuentro.

Reconozco que no es fácil reunir en el viento que azota las horas por pasar, los mapas que conquistan mi futuro: confuso hasta el descaro de la veta caníbal, suma dificultades por las que puntualmente me podría perder o acostumbrar a vivir disfrutando: horas y horas, meses y meses, siglos y siglos de amores y discordias.

Sólo para rozar tu cama,
no con las manos sino con mi aliento,
al ponerse feliz todos tus soles,
mientras el mundo se consume
tendré que prometer con la voz cristalina
de las piedras nupciales, casi todo lo escrito
en los tratados del buen seductor.

Y por supuesto que para alguien
del que hablan todas las mujeres,
salvo el valor de mis acciones
cayendo igual que los amigos,
como las cataratas
azules de cualquier cabeza,
ya no sé si le queda nada
que me pueda importar:
ni amor, ni casa, ni trabajo
en el templo inconcluso de los lunes
y aun así, te propongo matrimonio
hincando a tu sandalia mi rodilla.

Esta vieja conciencia sola y en ropa interior, es otra enfermedad que me persigue para mostrarme la ceniza de los cipreses que seguro talé de crío, el trauma de los celos en la infancia, la mano que olvidé lavar para sentirte cerca siempre, todos, todos los días.

Cuando la luna está completa
me sobran los aplausos
que dan las buenas noches,
y a medida que asciendo
hasta la última cumbre
me falta tu presencia.

Por supuesto que fue por no tenerte,
por lo que todos ven,
enfermos terminales
a la luz de los quirófanos,
y en sus meditaciones,
a niños que bebieron
en las últimas horas de los últimos días
la leche con galletas de los héroes,
esos que sin lugar a dudas crearon
para conseguir sus favores,
exquisitos paisajes de damas exquisitas.
Sí, claro que la suerte me acompaña.
Sí, claro que te siento.

De igual forma que mi silueta a la luz de los abrazos, se llena de burbujas y sale a correr los domingos por el jardín de tus heridas, así mi amor así, como si no existiera el mundo, salgo a desayunar, algo descafeinado, sólo y triste sino me añades nada.

Nací en noviembre
en algún rincón de la luna entera.
Y sí, claro que voy a morir
con otra luna entera
algún otro noviembres.