jueves, 28 de noviembre de 2013

UNA BARBIE CUALQUIERA



Maripolius pone el color al poema

Tierra no, aún no me tragues,
que te acuno atrevido en primera persona
igual que a las mascotas de Neruda,
de Borges, de Laureano, de Mestre o de Aleixandre,
antes de enmudecer, después de los disparos,
cuando vuelven y eclipsan
con el vuelo de su falda mí memoria.

Sí, déjame saber
mientras se cierran
ceremoniosamente
para que nadie se haga daño
los párpados y las estancias,
como es que todo, en alguna ocasión
nos empuja y nos rompe.

Tú, transformada en sueño y disparate
lanzas besos que nos cosen con fuerza
a una noche Lolita en la batalla,
taponas las heridas
que gotean del techo de esa noche
del hacha que nos niega mucho,
en muchas circunstancias
de la espada con su punto y destino.

No tierra, no me tragues, que aún
no me atrevo a mirar
en pie, delante de la tele,
como se fue muriendo al gris,
al gris y al blanco-negro tahúr
de las nubes marcadas,
toda esa sucesión de mundos,
mundos y signos de constelaciones,
mecidas por la historia
de una Barbie cualquiera.

Sí, déjame saber

Este era un poema con dedicatoria, pero para que no se avergüencen o endiosen los receptores de la misma, no la he puesto. Pienso que ellos saben quienes son y cuanto es mi agradecimiento. Gracias

domingo, 10 de noviembre de 2013

NUNCA SE CIERRAN EN CASA LAS PUERTAS



Para vivir, si lo deseas ven, ven a mi casa
antes de que me tiente la sombra del egoísmo
o la suciedad borre la vereda de las baldosas
o algo de un dos mil trece enamorado
me incapacite y no sepa quien eres.

Me acabo de dar cuenta de todo lo que nunca
podrá ser compartido: los hechos de los hijos
descendientes de los abuelos recolectores,
recuerdos y recuerdos que, sin lugar a dudas,
se nos vendrán de golpe encima.

Polvo y más polvo. Y polvo de albañiles en la reforma de cualquier cabeza. Electricidad y fontanería, alicatados de cocina y baño, pintura en las paredes y tarima en los suelos. Vamos, algo sencillo, similar al sombrero de Ascot. Polvo mucho después de que nos descubriese la luna sus metáforas. Esas, esas, las que nos cuentan todo aquello que nunca fuimos.

Sal en la estación de los amaneceres blancos.
en Núñez de Balboa, en las fotografías
turbulentas del hombre y sus recuerdos,
en la excusa de las casualidades dormidas.
Sal, sal de apostolado y guitarra
al invierno de las aceras.

Ignora si está mi luz
de vacaciones,
si estoy o no jugueteando
con tu brisa de alcoba,
con la espuma de la marea
encendida o apagada.

Cruza la calle y toca:
húmedo enero, húmeda luna
que nos descubre humildes
creando ilusiones,
con ese corazón creyente
de las niñas creciendo,
toca que te abro.

La infancia es una mariposa, hoy posándose allí, en aquel mirador al que nuestras pupilas ya no alcanzan.

Podría preparar si vienes,
un sándwich de tortilla con chorizo
y de paso pedir
una cita muy rápida
con cualquier oftalmólogo.
Mi cuerpo aunque no lo parezca
pesa setenta y cinco kilos
y mido, uno sesenta.

lunes, 4 de noviembre de 2013

ESTOS SON MIS DERECHOS



Después de matar a los hombres
y aceptar la idea de no envejecer juntos:
animal, vegetal o piedra,
dejaré en sus conciencias
mi máscara y mi voz, las muchas tonterías
de los diseñadores griegos,
los ritmos de la sangre milenaria,
la ingenua perversión,
de las cosas que nunca se detienen.

He oído que se consumen alimentos
otra vez a la luz de las fogatas,
que al identificarnos con nuestros apellidos,
desapareció la antigua violencia,
que hoy como clase teórica
se imparte en los museos
cual, es la mejor forma de vivir.

Mañana es mi cumpleaños.
Exactamente ciento cinco
rincones por barrer del siguiente episodio

Las curvaturas de mis ojos
son un lugar bonito para, mientras me afeito,
poner alguna tienda, algún negocio
de compraventa de comestibles y preguntas.

Como crítica o elogio de mi modus vivendis
debería volver a la casa del cura,
gallego en sus orígenes, cubano de adopción
a escuchar estos poemas de varios universos,
en Madrid hacia el dos mil trece,
dónde puedo llorar y envolver cada lágrima,
mientras caen, gota a gota,
acaso de manera intempestiva,
aquellas inquietudes
que tan exactamente se describen,
en los papeles de arroz del colegio,
en las escenas de los teatros chinos
empapados de luna, en las comisarías.

Os pienso apuntalar con gominolas.