lunes, 25 de febrero de 2013

ALIEN DORMITANDO EN MIS COSTILLAS



Aquí no hay bestias que nos resulten llamativas,
ni en los folletos de la propaganda
del buzón, promociones de reales casamientos,
ni en las cartas del banco adormideras
que eclipsen a la luna,
ni en los viajes de la tercera edad,
donde parece que no hubiera
debajo de la alfombra
montañas de secretos
y polvo acumulado,
resignaciones, renacimientos,
algunas chicas próximas a festejar abrazos,
ofertas de amor en el Titanic de los sueños.

Y es mi calvicie cada día más acentuada.
Y mis ojeras y mis arrugas y mis bostezos
y mis lamentaciones que son como animales
de este pánico que nació conmigo.

Francamente carece de importancia
quién o qué sea lo que altere
este o ese criminal de un mismo amanecer
dormitando entre mis costillas.

Desde la incubadora.
Desde el principio de los tiempos,
tras pasar por la caja del sándalo arrogante,
se disculpa cualquier atrocidad
prisionera que pinte contorsiones
con los gusanos que me comen hoy desde dentro.

lunes, 18 de febrero de 2013

LOS DIOSES AMANTES



Poco antes de morirse como el sol
decapitado por el baile de las distancias,
muchos hombres cocinan igual que los gobiernos,
manojos aburridos de obviedades
con castañas junto a la estufa,
y reviven los días hechos de bibliotecas
de cómic de vaqueros de reciclaje.

Me voy a morir igual que los abusos
de siempre repetidos en tu existencia diaria,
igual que muere el canto monoteísta
de la serpiente,elástica montura
en los dioses amantes, en la ropa interior
hecha de lunes y de anatomía.

Siempre me parecieron los jueves concurridos
esa continuación del universo
de la chica que me pone la mesa,
la que de pronto va y se me subleva,
harta de tener que subir
todos los días del supermercado.

martes, 5 de febrero de 2013

MUSEO DEL PRADO



Pintura de Maripolius

Hay cientos de secuencias fotográficas
sobre la superficie de tu semblante humano.
Mis calzoncillos siguen en el alfeizar de tu ventana.

Vamos a ver si te puedo besar
apasionadamente antes de Cristo,
cuando se calan todos los sombreros
después de los diluvios,
al sur de la inocencia,
debajo del paraguas de las constelaciones
ahora que nadie mira las figuras del lienzo.

Hay demasiadas tardes y brindis contra el mundo,
y entre las unas y los otros,
pocas conversaciones,
tan pocas que al cumplir los veinte
suponiendo que vayan a llorar de alabastro
mientras ondean sus cabellos
ya se conocen todas

Hay muchísimos párpados cerrados
para el olvido de las muchedumbres
y caderas perfectas con las formas de espuma
que tienen casi todos los comienzos.

Vamos a ver si te puedo besar
estos treinta minutos que dura el bocadillo,
la resaca del hombre hasta doler,
la inmensa superficie del enigma.

Sospechosas, del todo sospechosas
oigamos las disculpas,
de este miedo que exhibe en la azotea
más de dos mil años de continuidad,
el monólogo solo y roto
en la montaña dónde por su inmenso destino
se escuchan sus cuatro tonterías,
las superficies cálidas de los almohadones,
el color evangélico, adolescente y libre
de su naturaleza empapado de alcohol.

¿Para qué alumbrar la calle del sueño,
para qué descifrar su origen,
la manicura del otoño
el tenue rastro de las pinceladas?
¿Cuáles son los efectos de tantos compromisos?

Dame por favor un momento,
un lugar sin colores blancos,
solamente un instante pensativo
para ser inmortal:
un pastillero y su sorpresa.

Vamos a ver si te puedo besar
sobre esta nieve de las cumbres viejas.