martes, 17 de diciembre de 2013

UN GUARDABOSQUE REAL




Recuerdo que era invierno. Que la luna llena saludaba agradecida a todos los seres nocturnos que salían a saludarla. Que en la cara norte de las laderas, sobre la retama y los brezos, a la sombra gris del roble pelado, la nieve, se acumula cubriéndolo todo con su paleta de blanco frío. Que incluso mucho más allá de donde los ojos del lince alcanzan, la noche acuna en la brisa de antaño, los perfiles crecientes de su equilibrio.

Recuerdo, a la luz que nos deslumbra en el nuevo amanecer, seguir las huellas de mi padre y éste, las de alguna libre mal herida. He de puntualizar, que las huellas de la liebre, son a menor escala, muy semejantes a las del ser humano: su planta ronda los seis centímetros y la disposición de sus cuatro dedos es similar a la del hombre, solo que sin dedo pequeño. Las liebres en la nieve son torpes y lentas, y buscan siempre algún recodo que las resguarde de tanta luminosidad, por eso y por su pelaje oscuro, no es difícil distinguirlas sobre el terreno blanco. En las más de las veces para ser cazadas por los furtivos, en esta ocasión para proceder a su cuidado con exquisita delicadeza. Mi padre, vendaba su pata con un jirón rasgado de su camisa y volvía a dejarla libre.
Y sí, claro que recuerdo también las discusiones, a la vuelta, cuando al llegar a casa, se enteraba mi madre del estropicio. El siempre era capaz de tranquilizarla diciendo: Pero mujer, es que no entiendes que me pagan por cuidar los bosques y sus animales. Cuando vengan los cazadores quiero que encuentren todo por lo que ellos pagan.

Recuerdo que era invierno. Asombrósamente opalino en las horas centrales del día, pero, acaso el invierno más crudo que la tierra norteña conociese. Que de todas las chimeneas, cordones gigantes de humo, subían hasta alcanzar la unión - imposible abajo entre sus vecinos - y al lado de las nubes crear con éstas, las formas fugaces e imprecisas de antiguos ancestros, para luego, en amigable charla, contándose los secretos, secretos de cada hogar, desaparecer en el infinito.

Si, recuerdo las huellas de unos pasos en la nieve, y en ellas a un hombre envejeciendo con los sollozos diarios, con la sordera del mundo, con los senos espejeros de las horas casi heladas en los colmillos del sol. Recuerdo los colores del cielo raso, de la pradera y del mar embravecido en sus ojos. Recuerdo, su voz singularmente dulce y escueta, su carga silenciosa al cuidado del bosque y sus criaturas, sus balanceos humanos. Recuerdo esa soledad característica que acompaña a los seres diferentes, ese gris plateado de los pájaros en contra de la luz, esa atmósfera inmensamente fugaz, cargada en la pupila de húmedos colores.

Si recuerdo esbozos, de una historia inconclusa, en el oscuro mundo de la mente, justo en ese preciso momento en que la tarde, casi a la conclusión, roza la noche, allí donde su silueta, alargada por la luna, siempre lo acompaña unos pasos por delante, y su mirada y su rostro cansado, tranquilo, sereno, sonriente pero cansado, devuelve el saludo a las hileras de adobe que daban forma a las casas: las mismas que silenciosas le saludaban,

Lorenzo fue el nombre escrito en la pila bautismal. Sofía, lo llamaron otros en un tímido intento de homenaje a la actriz. Padre lo dije yo siempre. Murió en casa como guardabosques del patrimonio, poco antes de que eufemísticamente pasasen a ser conocidos como guardas y mucho después con la democracia, agentes forestales, con nomina y vacaciones.

Lo recuerdo marrón. Vestido al uso con traje: chaqueta, pantalón y gorra de pana, casi con tantos años como él. Lo recuerdo orgulloso, siempre con su cachiporra de mando al cinto, incluso, mucho tiempo después de que el señor Crucelegui lo regalase su vieja escopeta paralela. Era una escopeta del calibre 16, marca Terrible, y si, terrible era la sensación que sentía yo, cada vez que me llevaba con él al bosque y lo leí estampado en la placa de la culata. Jamás disparó un solo cartucho, todos los que le regaló dentro del lote, permanecieron sin usar en la canana. Para él llevarla al hombro era como una anécdota, como una broma, como un adorno que imponía respeto a los que lo miraban.

Sí tengo que reconocer que nunca fue, lo que se dice propiamente un cazador. Más bien fue un pobre hombre, con sus más y sus menos; integro honesto y respetuoso con su trabajo y las personas que lo trataron. No tenía estudios, pero tenía catalogadas en su cabeza todas las especies de sus bosques, siendo el peor momento para él, los días posteriores a la veda, cuando tenía que restar las piezas que habían sido abatidas. Sabía donde dormía cada animal, donde se alimentaba, donde bebía, donde anidaba o donde tenía sus camadas.
En una ocasión, después de enterrar los restos de una madre, cuidó con la leche de la única cabra que poseía, a dos cervatillos, que un lobo había dejado huérfanos. Eran su tesoro y mi juguete, su mayor debilidad. Les guiaba hasta los mejores pastos, y les daba como golosinas rebojos de pan duro, ellos lo seguían a todas partes.
Recuerdo que lloró conmigo el día que algún furtivo desalmado, nos los mató. También recuerdo que lloró, cuando quiso entrar en la modernidad y cambió su vieja burra por una bicicleta. Una bicicleta que solamente utilizaba en el llano. Las cuestas, las bajaba y las subía andando, me imagino que era para no gastar los frenos.
Había sido el encargado de dirigir y plantar de pinos todas las laderas de la comarca y fue en agradecimiento a su honestidad y buen hacer, además de conocerse como nadie todos los montes, el motivo para ser nombrado guardabosques. He de confesar que en casa nunca se probó la carne de ningún animal de sus bosques. Para él eran como una prolongación de si mismo. Jamás cazó una pieza y nunca aceptó ninguna de las que le regalaron los cazadores. En su cabeza y colgadas en la pared del salón, siempre estuvieron presentes las normas del guardabosque, impresas en papel de 1907 con sello y firma: "El personal que se elija, ha de vivir apartado de todo lo que significa influencia o favor, y convencido de que sólo puede fiar la seguridad de su destino y la recompensa de los ascensos al cumplimiento estricto de sus deberes".
Los recuerdos anidan siempre al fondo de la memoria, en las tierras abonadas de la niñez y la juventud, permanecen como las huellas de los animales en el barro, unos sobre otros, hasta que llegado el momento, se destapan y se airean para mostrarnos maravillas que nos ayudan a continuar.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

LA LUNA DE MIS SUPOSICIONES




Crecer es comenzar negando la manzana,
declarar que no existes, que no te reconoces,
en la gran eclosión que se atreve a mentir
igual que tu intelecto.

Sí, se supone amor, por suponer alguna
de las dificultades que vienen con el día,
rozando de pasada mi cerebro bestial,
quizás, solo quizás
de mosquitos turquesa,
tal vez intranscendente, acaso si me apuras
un poco apolillado, con esos desconchones
que aumentan por antiguos su valor.

Digo, que tal vez por suponer algo,
todas esas personas
del singular que vi,
están ya muertas

No quiero ser cargante ni romper tu envoltorio,
pero hay momentos que se duermen
para gravar en la vidriera el dolor en su origen
y por supuesto algunas confesiones
y más de mil crepúsculos al mes sin cigarrillos,
sueños de marihuana, martes con epitafios,
y al sur del humedal el catálogo con las culpas,
y los sellos quietísimos que se rompen de amor
por seguir cuando se cierran las puertas
interminablemente
coloreando pañales a la luna
de mis suposiciones.

jueves, 28 de noviembre de 2013

UNA BARBIE CUALQUIERA



Maripolius pone el color al poema

Tierra no, aún no me tragues,
que te acuno atrevido en primera persona
igual que a las mascotas de Neruda,
de Borges, de Laureano, de Mestre o de Aleixandre,
antes de enmudecer, después de los disparos,
cuando vuelven y eclipsan
con el vuelo de su falda mí memoria.

Sí, déjame saber
mientras se cierran
ceremoniosamente
para que nadie se haga daño
los párpados y las estancias,
como es que todo, en alguna ocasión
nos empuja y nos rompe.

Tú, transformada en sueño y disparate
lanzas besos que nos cosen con fuerza
a una noche Lolita en la batalla,
taponas las heridas
que gotean del techo de esa noche
del hacha que nos niega mucho,
en muchas circunstancias
de la espada con su punto y destino.

No tierra, no me tragues, que aún
no me atrevo a mirar
en pie, delante de la tele,
como se fue muriendo al gris,
al gris y al blanco-negro tahúr
de las nubes marcadas,
toda esa sucesión de mundos,
mundos y signos de constelaciones,
mecidas por la historia
de una Barbie cualquiera.

Sí, déjame saber

Este era un poema con dedicatoria, pero para que no se avergüencen o endiosen los receptores de la misma, no la he puesto. Pienso que ellos saben quienes son y cuanto es mi agradecimiento. Gracias

domingo, 10 de noviembre de 2013

NUNCA SE CIERRAN EN CASA LAS PUERTAS



Para vivir, si lo deseas ven, ven a mi casa
antes de que me tiente la sombra del egoísmo
o la suciedad borre la vereda de las baldosas
o algo de un dos mil trece enamorado
me incapacite y no sepa quien eres.

Me acabo de dar cuenta de todo lo que nunca
podrá ser compartido: los hechos de los hijos
descendientes de los abuelos recolectores,
recuerdos y recuerdos que, sin lugar a dudas,
se nos vendrán de golpe encima.

Polvo y más polvo. Y polvo de albañiles en la reforma de cualquier cabeza. Electricidad y fontanería, alicatados de cocina y baño, pintura en las paredes y tarima en los suelos. Vamos, algo sencillo, similar al sombrero de Ascot. Polvo mucho después de que nos descubriese la luna sus metáforas. Esas, esas, las que nos cuentan todo aquello que nunca fuimos.

Sal en la estación de los amaneceres blancos.
en Núñez de Balboa, en las fotografías
turbulentas del hombre y sus recuerdos,
en la excusa de las casualidades dormidas.
Sal, sal de apostolado y guitarra
al invierno de las aceras.

Ignora si está mi luz
de vacaciones,
si estoy o no jugueteando
con tu brisa de alcoba,
con la espuma de la marea
encendida o apagada.

Cruza la calle y toca:
húmedo enero, húmeda luna
que nos descubre humildes
creando ilusiones,
con ese corazón creyente
de las niñas creciendo,
toca que te abro.

La infancia es una mariposa, hoy posándose allí, en aquel mirador al que nuestras pupilas ya no alcanzan.

Podría preparar si vienes,
un sándwich de tortilla con chorizo
y de paso pedir
una cita muy rápida
con cualquier oftalmólogo.
Mi cuerpo aunque no lo parezca
pesa setenta y cinco kilos
y mido, uno sesenta.

lunes, 4 de noviembre de 2013

ESTOS SON MIS DERECHOS



Después de matar a los hombres
y aceptar la idea de no envejecer juntos:
animal, vegetal o piedra,
dejaré en sus conciencias
mi máscara y mi voz, las muchas tonterías
de los diseñadores griegos,
los ritmos de la sangre milenaria,
la ingenua perversión,
de las cosas que nunca se detienen.

He oído que se consumen alimentos
otra vez a la luz de las fogatas,
que al identificarnos con nuestros apellidos,
desapareció la antigua violencia,
que hoy como clase teórica
se imparte en los museos
cual, es la mejor forma de vivir.

Mañana es mi cumpleaños.
Exactamente ciento cinco
rincones por barrer del siguiente episodio

Las curvaturas de mis ojos
son un lugar bonito para, mientras me afeito,
poner alguna tienda, algún negocio
de compraventa de comestibles y preguntas.

Como crítica o elogio de mi modus vivendis
debería volver a la casa del cura,
gallego en sus orígenes, cubano de adopción
a escuchar estos poemas de varios universos,
en Madrid hacia el dos mil trece,
dónde puedo llorar y envolver cada lágrima,
mientras caen, gota a gota,
acaso de manera intempestiva,
aquellas inquietudes
que tan exactamente se describen,
en los papeles de arroz del colegio,
en las escenas de los teatros chinos
empapados de luna, en las comisarías.

Os pienso apuntalar con gominolas.

lunes, 28 de octubre de 2013

CUANDO SE LANZAN LOS CUERPOS DESDE LA TERRAZA para ver que sucede



Parecemos hambrientos; digitalizaciones anaranjadas, remanso para los vampiros, para el mar, el perfume de todos los arroyos, diademas de luz de ocasos celestes.

Sí, mi especialidad
es la discordia
y la incapacidad,
casi la misma que producen
esos vasos de alcohol
que adormilan el alma.

Y así, para que ustedes no se enfaden, hablaré con prudente equivalencia, sobre todo de algunos luminosos encuentros entre Kafka, Gustavo y yo, siempre, siempre a la sombra, de su lirismo hostil, de su convaleciente espalda, de esa fuerza que da la cruz de las revelaciones, tendidas todas, más o menos, con esa intensidad de los susurros al principio y las voces agónicas a la conclusión, del paseo por los fallos de la libertad que se abandona como las bolsas de basura en las aceras de todas las calles, de sus cansados ojos, por los que a veces miro corazones de espuma y universos errantes.

Como aún es pronto:
mientras no baje la marea
ni la sopa del plato,
te sugiero realices
esa secuencia fotográfica
de los bañistas
con bikinis de pera verde
en el huerto de las manzanas,
y a la vez que yo miro
justo el vuelo de las gaviotas,
o el pliegue de la nube
de una incineración,
de un siglo negro
hasta doler, lo mismo
que duele el aíre,
si es que se posa en mí;
tu dispara, dispara.

Me inclino igual que si aclamase por tu amor ambiciones, a las tres, a las seis, a las horas exactas en las que hoy en Madrid a pesar de la crisis, se degustan en cientos de locales miles de aperitivos: ecos de risas y brisas distintas.

No soy, pero parezco
ceremoniosamente,
como aquel pintor de balcones:
héroe que rompe la escultura
de un novio, que va de audiencia en audiencia,
buscando para su boda un padrino.

Ya no quedan silencios, ni palabras de luto, ni preguntas que nos envuelvan, ni arpas que lloren este instante en el que sin rencor tengo necesidad de mutilar al delfín de las olas y en sus nidos, a las golondrinas de Gustavo; una a una y otro porqué de todo cuanto, sin lugar a dudas, se debiera decir para luego olvidar.

Me llamo José Carlos
y soy de un territorio
sombrío y corpulento
donde sobran esencias
del café funeral y faltan los aromas
a disparo de las plumas antiguas.

Soy el mar, el mar o cielo cuando se llena de inmensísimos ojos universales, de tranquilidad de olores y sabores a festines en la conciencia. El mar que miro, que me hunde, que me lleva al descalabro de espuma embotellada, desde la orilla al bostezo que se abre al mundo para que todo siga igual, igual o parecido a noviembre, a cercanía o distancia, a diamantes, al lienzo de la infancia, donde revolotean desde siempre, ostentosos nuestros recuerdos.

Soy como aquel estruendo
viejo y rasgado
de los amantes
de cinco a siete pétalos
que invitan a romperse
con la modernidad
de sus motocicletas,
sobre los senos de la historia
humedecida por mis lagrimas

Ahí fuera ya no valen las disculpas, ni el optimismo de las horas coloristas celándose con ese viejo acento insolidario de las comunidades que yo creo, las que siempre nos llevan a las noches de Dios, las que nos faltan o nos sobran.

Para seguir la estela de los tristes acordes, los que sin duda nos quiebran el alma de este invierno finísimo, no sirven las tres o trece virtudes, que anotaron los padres y las madres mientras fuimos creciendo, en el cuaderno de sus ilusiones, ni por supuesto sirven primaveras de gourmet caradura en el plato con su pulso y compás inteligente. Noches de tú a tú, frente a la mesa de un McDonald´s cualquiera.

Ahí fuera, donde siempre
se oculta la ignorancia
bajo el sujetador y los calzones,
se desprenden del boca a boca
algunos resultados
de sobra conocidos,
antes de que termine el día,
antes de que nos vistan
las arañas que se amontonan,
con esa sencillez con que se cierran
los abanicos de la luna,
de casi todos los entierros,
después de disparar
en las alfombras los confetis
que se me ofrecen siempre
por las calles de bienvenida.

¿Me puedes explicar tu nacimiento: erupción totalmente azul en esa sobremesa del olvido, descalzo y silencioso?

jueves, 24 de octubre de 2013

MANO, MANO CREATIVA



Parece como que durmieses
con la solapa del asombro rota,
al lado mismo de un te acuerdas,
de un quizás o un tal vez destartalado,
en los contornos que insinúa el viento,
en ese instante en el que supe
que nunca fuiste mía,
en los aleros de una torre
desde la que se burla Dios de mí.

Sí, sí, parece como que murieses
para no tener que pintar de mi alma
su asesina existencia.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

ADIÓS NIÑOS Y NIÑAS. HASTA PRONTO



Maripolius. técnica mista sobre tabla.


Alguien de la tercera, ceremoniosamente a los postres lo había comentado.
Saciada la sed de los besos, tu mundo se hizo rápidamente, rápidamente trozos.

Recibí la noticia mientras viajaba por última vez en las manos de Dios conjugando los miedos, desde Roma a Santiago entre Jerusalén y la Almudena.

Por un instante doy la vuelta al crepúsculo de algo imaginable, a la niebla de los recuerdos con su locura, al despiste de los veinte años que es cuando se envían, las primeras y las últimas rosas azules del invernadero.

No sé si ya lo sabes, pero todo lo antiguo, induce al llanto, a tomar sopa con el menú de la merienda, a esperar de pie en los pasillos hasta que vengan a llevarnos.

Seguro que a ti, ya no te importa casi nada, ni el egoísmo, ni la Ausencia, ni este dolor que a mí me mata, y que nunca antes fue llorado. Me quedé solo, criminal demasiado viejo para seguir con mi adicción al juego de parchís y la petanca. Sin poder saber cuál es el aroma que tendría mi cuerpo tendido para explorar hoy desde la cuna a la juventud mis disparates, o el deseo perenne de las nubes de azúcar, detalle tras detalle del alba sin tus días.

Sí, alguien de la tercera me recordó a los postres estos ochenta y cinco sueños con ganas de ti, de tus nuevas conquistas en ese territorio del que no ha vuelto nadie.

jueves, 19 de septiembre de 2013

MI VECINO ME TIENE LOCO



Mi vecino imperfecto, tiene extraños poderes con rasgos del Gran Mestre sedentario, y la capacidad de ofrecer sin temor destinos totalmente abiertos igual que mi camisa alrededor de tus aullidos, a lo infinito de las cosas, a la cintura fiel e inextinguible de la cerveza, al cortejo sedoso de un cuerpo de gimnasio con golpes orientales.

Mi vecino me tiene loco. Podría realizar si me lo pide, cualquier trabajo, esculpir a los perros uñas de porcelana, saltar lo mismo que sus amos en el jardín trasero, solo me tiene que poner a prueba.

Pocos, muy pocos Capitanes con nombre pueden ocultar su aventura, los vientos de su historia, su íntima y personal faceta perfeccionista, la innovadora forma de besarse los pies; la nuestra aún no ha empezado.

Mi vecino me oferta un tarro rebosante de quizás o tal vez, de golpe dos sirenas y un, es posible, sin espacios a los que acudir a meter el mismo dedo que metemos en el ojo de quién nos ama.

Después de los diluvios quedan por vaciar de enigmas los trasteros, en contra de la química de todos los instantes, esa inquietud que vienen y apenas si nos roza, de poesía que confirme la entrega.

martes, 17 de septiembre de 2013

VLADIMIR NABOKO



Para entenderte:
me faltan las razones
que estudien como sea
tantos motivos, tantos
como sin duda tengo
a la vista de ti.

Nos separan las horas y los objetos,
de la imaginación y la distancia
que representa el llanto,
el triunfo del incendio de tu piel y mi piel,
cuarenta noches sin dormir,
tu brillante y mi opaca manera de ver,
los bordes rotos del invierno.

Sí, es cierto que compensas,
lo que te falta por vivir
con lo que yo he vivido,
que borras las arrugas de mi asombro
con los colores fuertes de tu ropa interior

Hoy vuelvo a los orígenes
para llevarte a la cama o a la luna
donde la timidez que anula el intelecto
no me deja pensar.

Sí, a veces yo también voy hasta la noche,
hasta esa esquina que ocupa toda tu inmensidad,
al aroma de algunos despropósitos,
de pie, de pie y sin vergüenza,
hasta la infancia de tus labios
ángeles que me salvan.

Exactamente voy
con esa brisa que esculpe tus senos
y llora solo a un sol de cortes necesarios
sobre los muslos, si sobre esos muslos
que se dejan tocar igual que concubinas
con la misma obsesión,
que dicen escaparon,
las bilis negras de la apatía y la tristeza,
tú, nieta de la crítica social,
social y cotidiana.
Ya, si tú lo deseas puedes llamarme abuelo

Me duele tanto, tanto, tanto aquí,
cerca de todos estos oasis mesopotámicos,
que pienso no ver tu aleteo,
los dormidos detalles del rostro que palpita,
a Venus cuando se transforma en monte
y nos da sombra .

lunes, 26 de agosto de 2013

INNOVACIONES DEL ENGAÑO a los días perdidos II




Seas quien seas, seas bienvenid@, tú, disidente que estás leyendo mis discordias, refugiado que puedes tocar en los sueños mis posesiones, cabalistas capaz de concluir y acallar sin esfuerzo esas voces distantes de mi resaca desnudándose hasta el olvido. Tú emigrante, emigrante de este siglo

Huye luz de aquí,
del espejo y las cosas
ante las cuales no se ven ni se hablan
con la misma fluidez que manifiestan
las lunas de los pueblos,
otros idiomas,
esos que a impuestos nos inclinan.

Que sea o no verdad,
que esté a derechas o al revés,
directamente enlazan
con los efectos raros
que producen después del armisticio,
todas las sinrazones,
con esos descontentos generales
que muestran las personas
cuando se las aprieta tanto antes de saltar.

De sobra sabes, que solo hay una cama de noventa en mis contradicciones y pruebas contundentes de su infidelidad.

De cualquier forma, a mí me basta
esa mano que se lleva a la boca
para exigir silencio clandestino.

Sí, es bueno que no todos se corten al decir las cosas ocultas siempre en la letra pequeña. De tú a tú, ante las circunstancias que nos unen, pienso que deberíamos amarnos muchas más veces, mucho más.

jueves, 8 de agosto de 2013

INNOVACIONES DEL ENGAÑO a los días perdidos



Seas quien seas, seas bienvenid@.
y así,saltando los preámbulos
te propongo que expongas tus disculpas
tus gritos, tus eclipses, tus decadencias,
primeros y segundos platos
que seguro coinciden con mis verdades
o esa ilusión del mundo
nubes que se pelean
como los hombres detrás de una mirada.

Agonizante luz
que a las tres lunas de la cita
se nos muere en las manos.

Rebosante de escarcha
y sudor frío que les cae
desde la frente a los más viejo.

Estás muy cerca, muy muy cerca
de crear y dominar las situaciones
indefinidamente emborronadas,
con tus vestidos cortos la discordia
y muchas tempestades,
tantas, son tantas que si no os importa
os las digo otra noche
rebosante de luna:
policromías de la infancia
de agostos en el pueblo.

Estoy muy cerca de negarme
a competir contigo
o tu felicidad,
que peina sin escusas
la razón con los dedos.

miércoles, 20 de marzo de 2013

EN MI CABEZA



Manipuladamente
seré igual que las frutas
en la cesta de las doncellas:
natural y ecológico
con un par de gusanos dentro.

No entiendes que te llueva amor
un trozo de agonía,
antes mucho antes
de alguna caminata
o después de los golpes insensatos
que se diluyen sin castigo
en el aire de las discordias
a la mesa con zumo de naranja.

Fíjate con que gusto visto:
como aquel veraneante
que se esconde del sol
detrás del cuadro
en esas playas de Sorolla,
con esa luz que te madura.

Despierta que no es tarde
para pedir que te devuelvan
la morosidad del amor

miércoles, 13 de marzo de 2013

LIBROS


URBANIDADES Y OTRAS DISTANCIAS




NOTATETI



Ya os los podéis descargar desde amazon.es

lunes, 25 de febrero de 2013

ALIEN DORMITANDO EN MIS COSTILLAS



Aquí no hay bestias que nos resulten llamativas,
ni en los folletos de la propaganda
del buzón, promociones de reales casamientos,
ni en las cartas del banco adormideras
que eclipsen a la luna,
ni en los viajes de la tercera edad,
donde parece que no hubiera
debajo de la alfombra
montañas de secretos
y polvo acumulado,
resignaciones, renacimientos,
algunas chicas próximas a festejar abrazos,
ofertas de amor en el Titanic de los sueños.

Y es mi calvicie cada día más acentuada.
Y mis ojeras y mis arrugas y mis bostezos
y mis lamentaciones que son como animales
de este pánico que nació conmigo.

Francamente carece de importancia
quién o qué sea lo que altere
este o ese criminal de un mismo amanecer
dormitando entre mis costillas.

Desde la incubadora.
Desde el principio de los tiempos,
tras pasar por la caja del sándalo arrogante,
se disculpa cualquier atrocidad
prisionera que pinte contorsiones
con los gusanos que me comen hoy desde dentro.

lunes, 18 de febrero de 2013

LOS DIOSES AMANTES



Poco antes de morirse como el sol
decapitado por el baile de las distancias,
muchos hombres cocinan igual que los gobiernos,
manojos aburridos de obviedades
con castañas junto a la estufa,
y reviven los días hechos de bibliotecas
de cómic de vaqueros de reciclaje.

Me voy a morir igual que los abusos
de siempre repetidos en tu existencia diaria,
igual que muere el canto monoteísta
de la serpiente,elástica montura
en los dioses amantes, en la ropa interior
hecha de lunes y de anatomía.

Siempre me parecieron los jueves concurridos
esa continuación del universo
de la chica que me pone la mesa,
la que de pronto va y se me subleva,
harta de tener que subir
todos los días del supermercado.

martes, 5 de febrero de 2013

MUSEO DEL PRADO



Pintura de Maripolius

Hay cientos de secuencias fotográficas
sobre la superficie de tu semblante humano.
Mis calzoncillos siguen en el alfeizar de tu ventana.

Vamos a ver si te puedo besar
apasionadamente antes de Cristo,
cuando se calan todos los sombreros
después de los diluvios,
al sur de la inocencia,
debajo del paraguas de las constelaciones
ahora que nadie mira las figuras del lienzo.

Hay demasiadas tardes y brindis contra el mundo,
y entre las unas y los otros,
pocas conversaciones,
tan pocas que al cumplir los veinte
suponiendo que vayan a llorar de alabastro
mientras ondean sus cabellos
ya se conocen todas

Hay muchísimos párpados cerrados
para el olvido de las muchedumbres
y caderas perfectas con las formas de espuma
que tienen casi todos los comienzos.

Vamos a ver si te puedo besar
estos treinta minutos que dura el bocadillo,
la resaca del hombre hasta doler,
la inmensa superficie del enigma.

Sospechosas, del todo sospechosas
oigamos las disculpas,
de este miedo que exhibe en la azotea
más de dos mil años de continuidad,
el monólogo solo y roto
en la montaña dónde por su inmenso destino
se escuchan sus cuatro tonterías,
las superficies cálidas de los almohadones,
el color evangélico, adolescente y libre
de su naturaleza empapado de alcohol.

¿Para qué alumbrar la calle del sueño,
para qué descifrar su origen,
la manicura del otoño
el tenue rastro de las pinceladas?
¿Cuáles son los efectos de tantos compromisos?

Dame por favor un momento,
un lugar sin colores blancos,
solamente un instante pensativo
para ser inmortal:
un pastillero y su sorpresa.

Vamos a ver si te puedo besar
sobre esta nieve de las cumbres viejas.

martes, 15 de enero de 2013

SWAHILI = SAFARI = VIAJE = AVENTURA




Desde los ojos del guepardo, al otro lado del mundo, se reflejan en miniatura miles de sombras sonrientes. Son pequeños seres desnudos que, por unas pocas monedas, nos llevan el equipaje. Nada que objetar ante tantos antiguos misterio como se aclaran a la hora de buscarse la vida, Son igual que éramos nosotros con el tesoro terrestre de la niñez: esponjas en una cabaña de barro, absorbiéndolo todo. Viéndoles, mi cabeza se llena de recuerdos y mundos y juegos casi olvidados

Desembarqué a las siete de un rosa continuo, justo en la mitad de un agosto viajero, dentro de los límites del programa turístico. Llegué en el vuelo procedente de Madrid. Cansado, muy cansado, sin ganas de nada que no fuese acostarme, sin ganas, ni tan siquiera de pensar. Y sin embargo, apenas puse un pie en el suelo, las abismales diferencias, con respecto al mundo, que horas antes, había dejado al otro extremo, avivaron todos mis sentidos, hasta conseguir, hacer, que algo dentro de mí, cambiase.

La gran mayoría de la gente que me cruzaba, era de una oscuridad brillante, de cuerpos, de estrellas, de noches casi desnudas. Los menos, los que cubrían su figura con ropas de unas cuantas manos, se mimetizaban tanto, que parecía que era como una prolongación de su piel, de fiesta, de continua fiesta, después de que la lluvia se engalanara de arco iris. Mi guía, apenas un adolescente, se movían con ligereza cargando con la ilusión de mi macuto, unos cuantos sueños y días y vidas. Unas sandalias de animal salvaje cubrían la planta de sus pies.

Aquí, en la distancia de la civilización conocida, las transacciones son rápidas y escuetas, tanto que a las dos horas, estaba protegido del sol, debajo de una red de camuflaje, que extendida entre dos pilastras, entre dos árboles secos, entre muchas inconveniencias, me dejaba observar, del mundo felino de los guepardos, casi todos sus misterios, casi todas las motas negras que salpican el rubio tostado de su pelaje. Así, desde tan cerca, resultan distintas y atrayentes, como un kit-kat del todo imprescindible para descansar de la rutina. A mi lado, siempre observador e informativo, siempre amable y servicial; se encontraba mi guía y el brillo de la impaciencia acelerando mi corazón.

En el cristal de los prismáticos, un macho y una hembra, entretenidos y animosos negociaban la fórmula secreta del enamoramiento, el contrato, la distribución correcta de los besos, los quehaceres de la vida diaria. Ellos, nos observan, mientras les observamos. En ocasiones, cuando por casualidad coincidían nuestras miradas, instintivamente, viéndoles tan cerca, sintiéndoles tan cerca, tenía que apartar los ojos, avergonzado por invadir su intimidad

De improviso, aparecieron ante nosotros por distintos senderos, otros tres guepardos: uno supuestamente vino de la sombra de la sierra que había hacia nuestra derecha, el otro llegó sin duda, de la corriente suave del río en el vado y el tercero apareció como de la nada, pues nada parecía que hubiese más allá de los árboles gigantes: esos tan característicos de todas las fotografías que cuelgan en las agencias de viaje: ellos solo ellos y detrás, el sol abandonándonos. Bueno, miento, en esta ocasión, se encontraba justo arriba de nosotros, en las mismísimas calderas de la creación. Después de unos instantes de conversar, acaso sobre la manera de cómo actuar, todos se han puesto en movimiento: planta atlética, cuerpos estilizados, maneras señoriales, en apariencia, tranquilidad absoluta y calma, mucha calma. A lo lejos, en la distancia, aparece una manada de gacelas, como un plato exquisito, como un reto extraordinario, como una tentación y una necesidad. Cada cual sabe lo que tiene que hacer, sabe que parte del trabajo le toca realizar, sabe hasta donde llega su compromiso.

Tras la carrera de obstáculos, el esprint; el último esfuerzo, luego el zarpazo de la su uña hiriente en la nalga de la gacela, casi al instante, se abalanzaron todos contra ella y ya no pudo levantar.

En la pelea, he vuelto al principio de nuestros ancestros, en los actos amorosos del guepardo he oído la voz y he visto la luz de esos niños desnudos y sonrientes. Por la misericordia de mi guía vuelvo de la otra realidad de un safari de sueño.