jueves, 18 de octubre de 2012

VESTIDO PARA TI






No tengo sombra ni recorrido.
Ni tengo ningún otro traje
que me vista de ti en la noche.
Sólo las palmas de las manos.
Sólo etiquetas niñas al umbral de la sed.

Me visto de ceniza y me desviste el aire
de algunos compromisos,
la incertidumbre del sollozo que nos acuna,
el latido en los gestos y los labios,
la complaciente fuga y el grito y el encuentro.

No, no tengo ningún otro traje que me cubra.
Éste criminal que bebe su última sentencia,
zurce como aprendiz onírico, mis heridas:
los rotos de la voz al final de las nubes,
los besos y la luz de un sol radiante,
las huellas de la planta del pie sobre el asfalto

En la brisa de la tragedia,
que nos desviste la memoria;
no soy capaz de abrir los labios
que han de llenar con la voz las palabras,
ni el misterio que huela a guardería.
Ante ti estoy desnudo. Sólo todas las tardes.

martes, 9 de octubre de 2012

LA INMORTAL REFLEXIÓN DE UNA OCURRENCIA





A veces nos sucede que al margen del incendio,
existen otras manos que tienen vocación de ajedrecista,
de sombras al galope de algunas mansedumbres
de camellos que beben whisky con piano y Coca Cola.

Sí, la verdad de la leyenda urbana
es una fruta que se licua
en esas Minipimer de la noche,
que se entrega y se bebe sin manual,
que me despista y nos despista siempre.

Mi deber es decir los desaciertos.
Vestir la fiesta en hora punta,
disimular con perfumes
las diferencias que hay entre nosotros.

Es conveniente
que escriba con el humo
del tabaco de liar,
la óptica blanca del lenguaje,
el estrépito de las plumas
detrás de los estores
la inmortal reflexión de una ocurrencia.

Sí, a veces se produce en la noche ese sonido
exacto e impertinente del amor,
ese donde, sin duda, nace todo
con un tic-tac de ochenta o noventa años
de abstinencias de sombras
de un dios ocupadísimo.

martes, 2 de octubre de 2012

EL ALMA EUCARÍSTICA DE LAS COSAS





Un paso no es más grande sólo porque se dé antes,
sino porque las huellas que deja permanecen
en los carteles que se cuelgan de las fachadas.

Su carácter hoy, es cómplice anónimo del humo,
su disfraz anoréxico de espaldas a los dioses.
Su fragancia, sino se pisa fuerte;
llega casi siempre al día, huérfana
del alma eucarística de las cosas.

En el latido donde ruedan
las descripciones de unas cuantas lágrimas,
es donde apoyo el pie para salir, muy elegante,
y marcar, el contorno del ímpetu absoluto.
Tú en la distancia.
Conmigo sólo tu regreso