jueves, 23 de febrero de 2012

PARADOJAS DEL MUNDO





Para que nadie se disguste
diré que la salida está a la vuelta
de este o aquel escritorio
dónde aún se conservan
las copias de mi despido;
en la pornografía de algunos diccionarios
llenos de letras biensonantes y mala leche,
en el humo de las historias de Wall Street.
La salida se viste
en este cuarto mundo
con un fondo de riesgo
y ropas recicladas

miércoles, 22 de febrero de 2012

LA TARDE SOBRE MIS OJOS


Fotografía de Elena Álvarez de Castro
Regalo de la autora para este poema


Si vieras como cae la tarde sobre mis ojos.
Aquí que es donde el tiempo desflora sus dominios
en esta travesía de lámparas perpetuas
al final de mi reino azul Laureano

Si vieras mi abandono, mi declive,
mi locura que no termina
de resucitar nunca, nunca
ni de morir tampoco.

Si oyeras esta voz, este pálpito,
este flujo durmiente,
de cosa irrealizable.

Si vieras como se va la luz y llega al sueño,
un encaje de noches por la espalda
la suma fría de la evolución.


POEMAS PARA CREAR ESCUELA III Juan Carlos Mestre


Fotografía de Elena Alvarez de Castro

POEMAS PARA CREAR ESCUELA III

Si la felicidad consiste en recibir un e-mail donde la contestación es afirmativa, hoy yo, puedo decir que soy feliz.

Juan Carlos Mestre: Premio Nacional de Poesía. Premio Adonais. Premio Jaime Gil de Biedma, me presta en esta ocasión, EL ADEPTO poema que por supuesto ya está creando escuela.

Hoy que el mundo se mueve sobre todo por esas delicadas hebras de acero del interés, ¿qué argumentos nos propondrías para que éste u otros mundos, leyese tu poema?

Amigo Maximiano, con mucho gusto, puedes hacer uso del poema que estimes más adecuado a tu propósito y proyecto, soy yo el agradecido por tu interés y la delicadeza y generosidad de tus palabras. Me pillas ahora de viaje, en Nueva York, con poco tiempo para la meditación y con algo más que ruido en la poca cabeza que me va quedando sobre los hombros, aún así y respecto a tu pregunta creo que contestaría lo siguiente:

“Leer poesía es ejercer el derecho civil de la imaginación, acaso una de las formas en que la salud del bien se hace presente como delicadeza, utopía y conciencia del porvenir”.

Muchas gracias por tu afecto Maximiano, sabes de mi cariño recíproco, amigo. Mestre.


EL ADEPTO

Erguida estás, señal.
José-Miguel Ullán


He leído durante toda la noche el Discurso sobre la dignidad del
Hombre de Pico de la Mirándola,
de él se deduce que el 14 de mayo de 1486 no existe,
que la primavera y la juventud son hijas de Marsilio Ficino,
que la belleza es por derecho mitológico esposa del trípode y el
camaleón.

Acepto haber leído el destino en un vaso de agua seis mil años
antes de la muerte de Platón,
acepto haber alimentado a un animal de uñas curvas,
acepto la influencia de los magos persas.
No tengo hijos, ¿acaso he cometido un crimen?
Tampoco tengo energías para la épica .
Confieso adorar descalzo el triángulo de la piedad que otros
llaman cubo de Zoroastro,
confieso mi creencia en la teología del número 7 y la gestación de
los donantes de calor,
confieso mi fe en Timeo de Locros astrónomo de lo diverso.

He leído durante toda la noche el árbol de la conjetura,
de sus frutos he traído a mi casa la escalera circular junto a la que
Jacob tuvo un sueño
y el testimonio sobre la naturaleza celeste de todas las piedras.

Asumo haber prestado atención a lo que impide,
asumo la visitación del pródigo y la música de las esferas,
asumo no haber dejado escrito nada que no me haya sucedido en el
futuro.

He leído durante toda la noche el Discurso sobre la dignidad del hombre,
de él se deduce la aritmética del mar y la Ley bajo la corteza de la encina,
de él se deduce el río de la ciencia y la golondrína de los caldeos,
de él se deduce la inexistencia de la muerte y la fecundidad de lo
discutible

domingo, 19 de febrero de 2012

EL PASO DE PENÉLOPE EVIDENTE





En ti se encuentran los ecos vitales
de la arena, del beso de la espuma
que arrastra a la deriva tu memoria:
el paso de Penélope evidente.

No quiero reprocharte nada
aunque eche mucho de menos no poder sentir
esas cosas normales de cualquier otra vida.
A veces, sí a veces me sucede
que al vestir tu leyenda,
esa que fue de arcilla
y memoria por dentro,
abro los ojos
y el bazar cotidiano
de algunas seducciones,
contra las mariposas
que sin duda de tanto amar
revolotean por mi cara.
Hoy las mujeres no hablan de otra cosa.

Sí, aquí sobre los cuerpos que me afligen
voy a juntar con mis años tus días,
a beber victorioso tus colores
a buscar a la vuelta en sombras del maquillaje
el tiempo por vivir: Niña, mujer, anciana,
cuando nadie nos mire te amaré como siempre.

jueves, 9 de febrero de 2012

LINEA 7





Reconozco mi angustia
mi aburrimiento y tu sensiblería.

Las travesuras de una voz vacilante y atea
cuando quiere contar lo que vieron los ojos,
los pasos de la muerte que nos ponen
al mismo borde del andén.

En tu resplandeciente cara,
un niño que bracea a favor de las nubes
es el reflejo del asombro enternecido,
y acaso un par de olas en la frente,
nos den la bienvenida
mientras el cuerpo dice adiós.

En el incendio donde acaba tu desnudez
comienza el dramatismo
de una noche que se cubre de sombras de ti
en hora punta.

En las colas del paro
solo por alusiones
últimamente se puso de moda
como en un sueño que se repite
la invisibilidad del mundo,
páginas llenas de regresos,
de notas que no aclaran nada, nada.

A punto de concluir el mundo
éste podría ser el poema de un suicidio
o unos versos de vida y esperanza.

domingo, 5 de febrero de 2012

s.XXI




Hubo crisis de sándalos violentos
y de presidentes y de mobiliarios
con formas y cajones de Ikea,
sin duda dentro de los plazos
de las disculpas que restauran
a los hombres y a Dios,
a pirámides y principios
de mi casa por dentro.

Electricidad y fontanería,
paredes, suelos, puertas y ventanas,
cocina, salón y pasillo.
Dormitorios con luz al este
luminoso de nuestra infancia,
cuarto de baño
presidiendo la luna
de los cuerpos sin cuerpo,
mesa comedor para un invitado
en los márgenes vivos de las piernas.
Para uno. Sí, sí, sólo para uno.

La crisis de los hombres
comenzó en la cabeza,
con vete tú a saber que palabra precisa,
o que acto, o que rostro, o que provocación,
con ese huir eterno de las cosas
que sí, están, anotadas
en cualquier analítica
como el colesterol que nos tapona las venas.