lunes, 21 de noviembre de 2011

EROS




Caminé y solo vi en la noche,
los impactos de plomo del fusilamiento:
bajo el sujetador un busto erguido,
una imagen borrosa de Eros
en los diarios de la mañana.

En las fotografías con las que se negocian
las infidelidades o tormentas del mundo,
vagué por tu cintura,
me senté al borde de la cama
sin tomar de tu boca ese fuego aprendiz:
desahogo solitario de la imaginación.

Recién parido
alfombré con mi cuerpo
casi todas las calles
y el espacio existente
entre nuestras estrellas.

Y en los ojos de las falsas euforias
con la ropa interior por los tobillos,
me puse contra la misma pared
que tú veía mientras me follabas.

Sí, en un reloj de agujas, a las doce,
la grande, siempre sobre mí eras tú.
Tú el color negro que rasga el arcoíris
como esa fantasía que se muere y revive
a medio camino entre la adolescencia
y el caduco sol de todas las tardes,
o el beso último de las sinrazones.

Me acosté con Shakira
y desperté con William Shakespeare.
Me acosté luminoso y desperté
sombra habitual del día.

lunes, 7 de noviembre de 2011

VUELOS DE LA MEMORIA





Este día y otros días que nunca se detienen,
ni desvisten al beso o a la noche o al recorrido
de mi mano entre tus muslos y el mundo,
allá por donde van descabellados
como si no doliese nada,
roza sin querer el horizonte de las cosas.

En el escaparate de los días
se pueden mirar los tres maniquíes
que representan mis edades.

El día a día pasa vuelo de la memoria.
Mira, fíjate, nunca pierde la compostura.
Finge un orgasmo por segundo
y si es preciso inventa cada dos:
todo un color trágico, una enmienda,
un parlamento o su perfume,
algo así como la lengua que vuela
y tensa el puente de tus labios.
¿Lo sabías, verdad?

El día a día escapa y vuelve
vestido con otro día igual,
igual o parecido.