jueves, 27 de octubre de 2011

EL INQUIETO LATIDO DEL GUSANO DE SEDA




Lástima que al mirarte
despierte en mí la bestia de la imaginación,
que solo me conforme con sentir el aliento,
unos segundos, de tu compañía,
que tras satisfacer la desmesura
del inquieto latido del gusano de seda:
sonría, disimule, consuma un cigarrillo
y me deje llevar al sueño
sin hacer inventario.

Siente mi anatomía,
las curvas de mi abdomen,
la reflexión de tu ceguera
de esta o aquella renuncia
que cubre, en el peor de los casos,
nuestro abandono, nuestros cuerpos
que sin dar sombra se hicieron añicos.

Lástima que al mirarme
vea, aquí mismo, nuestro futuro tan despacio,
el círculo de nuestras discusiones,
esa hoguera con nuestras almas.

No pretendo juzgarte, ni juzgarme.
Allá cada uno con su cruz
con sus negociaciones,
con sus tormentas,
con ese tacto cruel donde no llegan las preguntas.
Sí, claro que te quise,
claro que hubo un instante
que también, pienso, me quisiste
como los siervos quieren a los amos,
en esa latitud del estornudo,
con esa seducción del pica-pica
que traen tantas personas.

Pero, ya basta.
Digámonos adiós
Mañana a las tres entro a trabajar.