domingo, 25 de diciembre de 2011

MAXIMIANADA DEL SOL



A la vuelta de alguna estupidez
que siempre toma el sol aquí,
donde se juntan las aguas conmigo,
al principio creyente
de cualquier miramiento,
al final de alguien que nos habla
como el ángel de los sueños al oído,
alguien que al despertar entre mis pantalones,
moja inconsciente su existencia,
alguien que sabe
la incertidumbre de vivir
acumulando esfuerzos
y asombros y mentiras
que paguen de otra forma, vacaciones.

jueves, 15 de diciembre de 2011

EL VAGABUNDO DE MI PUERTA




Quiso ser en mi puerta: luminoso catálogo, liso y desternillantes, provocadora envoltura de jueves, la llave anaranjada de algún mundo asilvestrados, telefonista de los grillos, vendedor de humildades.

Sólo bebía los cuatro licores de las encuestas, las luciérnagas que de mí se alejan, los residuos de luz que filtraban las nubes, el doliente reverso de todos los centauros.

No alcanzo a recordar, si en alguna ocasión, pagué por amargarle un poco más las horas.

MAXIMIANADA Nº 26



Una piedra que se lanza al centro de los ojos,
rompe todos los cristales del lago,
para poder así beber las elegantes transparencias del día.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

MAXIMIANADA Nº 16


Aquellos que hoy me niegan:
seguro que mañana me negarán también.
No les guardo rencor,
me admira su certeza por las cosas distantes.

martes, 13 de diciembre de 2011

MAXIMIANADA nº 11


La distancia no borra
la estupidez,
ni la olvida en el tiempo

lunes, 21 de noviembre de 2011

EROS




Caminé y solo vi en la noche,
los impactos de plomo del fusilamiento:
bajo el sujetador un busto erguido,
una imagen borrosa de Eros
en los diarios de la mañana.

En las fotografías con las que se negocian
las infidelidades o tormentas del mundo,
vagué por tu cintura,
me senté al borde de la cama
sin tomar de tu boca ese fuego aprendiz:
desahogo solitario de la imaginación.

Recién parido
alfombré con mi cuerpo
casi todas las calles
y el espacio existente
entre nuestras estrellas.

Y en los ojos de las falsas euforias
con la ropa interior por los tobillos,
me puse contra la misma pared
que tú veía mientras me follabas.

Sí, en un reloj de agujas, a las doce,
la grande, siempre sobre mí eras tú.
Tú el color negro que rasga el arcoíris
como esa fantasía que se muere y revive
a medio camino entre la adolescencia
y el caduco sol de todas las tardes,
o el beso último de las sinrazones.

Me acosté con Shakira
y desperté con William Shakespeare.
Me acosté luminoso y desperté
sombra habitual del día.

lunes, 7 de noviembre de 2011

VUELOS DE LA MEMORIA





Este día y otros días que nunca se detienen,
ni desvisten al beso o a la noche o al recorrido
de mi mano entre tus muslos y el mundo,
allá por donde van descabellados
como si no doliese nada,
roza sin querer el horizonte de las cosas.

En el escaparate de los días
se pueden mirar los tres maniquíes
que representan mis edades.

El día a día pasa vuelo de la memoria.
Mira, fíjate, nunca pierde la compostura.
Finge un orgasmo por segundo
y si es preciso inventa cada dos:
todo un color trágico, una enmienda,
un parlamento o su perfume,
algo así como la lengua que vuela
y tensa el puente de tus labios.
¿Lo sabías, verdad?

El día a día escapa y vuelve
vestido con otro día igual,
igual o parecido.

jueves, 27 de octubre de 2011

EL INQUIETO LATIDO DEL GUSANO DE SEDA




Lástima que al mirarte
despierte en mí la bestia de la imaginación,
que solo me conforme con sentir el aliento,
unos segundos, de tu compañía,
que tras satisfacer la desmesura
del inquieto latido del gusano de seda:
sonría, disimule, consuma un cigarrillo
y me deje llevar al sueño
sin hacer inventario.

Siente mi anatomía,
las curvas de mi abdomen,
la reflexión de tu ceguera
de esta o aquella renuncia
que cubre, en el peor de los casos,
nuestro abandono, nuestros cuerpos
que sin dar sombra se hicieron añicos.

Lástima que al mirarme
vea, aquí mismo, nuestro futuro tan despacio,
el círculo de nuestras discusiones,
esa hoguera con nuestras almas.

No pretendo juzgarte, ni juzgarme.
Allá cada uno con su cruz
con sus negociaciones,
con sus tormentas,
con ese tacto cruel donde no llegan las preguntas.
Sí, claro que te quise,
claro que hubo un instante
que también, pienso, me quisiste
como los siervos quieren a los amos,
en esa latitud del estornudo,
con esa seducción del pica-pica
que traen tantas personas.

Pero, ya basta.
Digámonos adiós
Mañana a las tres entro a trabajar.

jueves, 21 de julio de 2011

POEMAS PARA CREAR ESCUELA IV Montserrat Doucet


En esta ocasión POEMAS PARA CREAR ESCUELA tiene dos propósitos engarzados entre sí como dos joyas que adornan dos universo. Uno es el de acercaros este magnífico poema nº 6 que podéis encontrar en el libro: “Grafiti” y el otro homenajear personalmente a su autora Montserrat Doucet, quien dice qué: "la poesía debe entrar por el oído y tocar el corazón". Y esto, sin duda, lo saben muy bien, todos aquellos que leyeron sus libros anteriores: “Paisaje hacia lo hondo” o “Culpable de milagros” o “El invierno de la rosa”
Exquisitamente sensible, Montserrat es el puente necesario entre el mundo y los lectores de poesía.

Hoy que se mueve el mundo, sobre todo, por esas delicadas hebras de acero del interés. ¿Qué argumentos nos propondrías para que este u otros mundos leyesen tu poema?

"A veces al concebir o al leer un poema, el tiempo se detiene y traspasamos la puerta. Al otro lado está todo lo que fuimos, la tenue trama que nos enlaza con el universo para bien o para mal".

Montserrat Doucet


6

Una salamandra duerme en el filo de una hoja
en este jardín que la ciudad mendiga.
Pero es pronto aún para un incendio

Despierta a la presencia del cuchillo
y a la del fuego, insomne tras la puerta.
Quieren saltar a nuestras vidas
y deshacer el nudo entre los dedos.

Mas paseemos…
aún es tiempo bajo las frondas.
Y cuando ardamos,
que sea para estar aún más cerca.

domingo, 17 de julio de 2011

MORELIA VIRIDIS




Solo se te veía en el National Geographic,
en los tatuajes del hombre al principio del hombre,
en los terrarios donde vagamente nos conocimos,
en las páginas de algunas revistas científicas
como modelo muy, pero que muy cotizada.

Eras parte de un árbol
con el rostro de ayer al aire,
antes de que los ojos
se arrepientan de su juventud.
De ti soñaba ver todas las ramas
el sol del horizonte frente a Dios.

Sí, me duele saber que tú ahora
te exhibes en los bajos de algunos rascacielos,
con horario continuo,
allí donde se dice de las culpas
que son las alas de la tierra,
justo en la estancia que más se visita.

Cuando te conocí, recuerdo
que vivías por horas de alquiler,
y a veces en tu cintura
por el simple color de tus escamas,
se atragantaba mi perpetua bestialidad.

Aún así, por más que me interroguen
no pienso desvelar ni mi secreto ni el tuyo
vestiré tu piel hasta que me muera.

jueves, 30 de junio de 2011

METAFÍSICAS DEL KALAHARI





Sé, que en alguna ocasión, fuimos la brisa de un niño terrible en las venas del hombre. Que después de cenar y decidir en la sobremesa el recorrido de la siguiente jornada, dormimos por rebeldía en la cara oscura de la memoria, y soñamos que cazamos al cenit de un único silencio, esa luminiscencia del mundo que nos quiebra, ese mundo dónde la noche, queriéndolo abarcar todo, estuvo envuelta por un canto largamente herido.

Sé que a la mañana siguiente, deudores de la luz, salimos a disparar tal vez historias empapadas de historia, como meciéndonos en un planeta que fuese aún en pañales, una verde extensión de mapas fingidos, de figuras manoseadas, de fronteras sin vestir, como una necesidad que colorease las mejillas a la luz del asombro, como un gesto común y cotidiano en el otro extremo de la vida.

Sé que una escopeta en las manos, sobre todo apunta al cielo de alguna risotada perenne. Apunta al mismísimo centro de la polémica, a esa que siempre suscita la sinrazón de unos y otros, esa que se viste de camuflaje y circunstancias, de paños transparentes, de claroscuros y olvidos, de aquel que si tú, que si yo de las intrigas y los lamentos.

Pero es que hubo una época acaso irreprochable, en la que todos fuimos jóvenes contra el miedo, una época donde todos los días bebimos rosas de sangre y espera, una época donde apenas, si tenían espacio las preocupaciones. Hoy, que ya casi somos jaspes excesivamente pulido sabemos, por saber algo, que venimos de una herida y delante del espejo cada uno acomoda su postura para vivir los días que restan como mejor se puede, convencidos de que después de nosotros seguirán las mismas discusiones y los mismos desencuentros.

Al descubierto: de tú a tú entre el hombre que soy y el animal que me posee, quiero volver al safari que duerme de continuo en las letras: tanto a las que se deben, como a las que se pagan o se leen sobre la amplia extensión del paquidermo o la jirafa, y desde ellas, desde sus llanuras y valles, desde sus obligadas depresiones, quiero volver a la velocidad fluyente del antílope o la gacela, al tigre moteado siempre de circunstancias diversas, a la metáfora de oro descolorido al cuello del rey león, a ese ciego y calvo animal que reposa y observa desde la piedra, sus memorias de sangre en la mirada, justo en ese preciso momento en que la sabana se quita de golpe su penumbra matutina.

Quiero volver a la triste oligarquía de la noche que extiende su inmensa oscuridad, sobre el lomo refulgente del gato o la pantera, al vuelo armónico de las aves migratorias, a la astucia de la liebre encamada, al conejo casero, al guarro casi inteligente que se escabulle de las trampas del olvido, a ese fastidiar lineal de las curvas de las hienas, a la extensión infinita de las metáforas.

Quiero volver a las formas que dibujan la luz en las pupilas del halcón, al vuelo emergente de su arte milenario al borde del precipicio, al rojo desnudo de la sangre y las palabras que escapan por el hemisferio afilado de los cuerpos; a su latido al otro lado de un cuarto creciente, en las venas de la discordia o la envidia tal vez.

Aquí que descubro mi existencia de espiga en el jardín trasero de algún adosado, quiero mirar con mi cuerpo de atardeceres acaso belicosos, las formas del silencio, los minutos puntuales en que respiré la naturaleza del alba, el destino incierto de algunos hombres y algunas bestias; a la primera línea del bostezo.

No voy a pedir disculpas por ser quien soy ni vivir como vivo, por no vestir el color de tus deseos, por hablar de un día cualquiera de caza, de mi afición favorita, de un entretenimiento casi al azar envolvente de cualquier nacarada pupila. Sé que muchos me critican, me disparan y vociferan con su triple moralidad, pero yo, no voy a pedir disculpas porque sé, que en la mayor parte de las ocasiones, son mis estipendios los que alimentan durante todo un año al guía y su familia. Sí, es cierto, yo satisfago mi ego mientras disparo mi cámara o mi fusil, pero ellos, ellos ponen un plato de comida en la mesa.

Mi conciencia esta tranquila, mi espíritu como el de la montaña, en libertad. Los que me juzgan y condenan, lo hacen disparando despropósitos, confortablemente sentados frente al ordenador, sin ensuciarse nunca con el polvo de los desastres, ni el barro de las riadas, para ellos, su minuto de importancia existe solo mientras están los flashes cerca. Y es que como muy bien decía Baroja: todos somos átomos brillantes de la atmósfera de imbecilidades que recubre este ridículo planeta.

Esto que os soplo en este escrito, es el aire de una contienda, ya lo sé, la prolongación rayada de un discurso en el fuego insolente del miedo que nos juzga, las sombras del tiempo pasado y por venir, una mano tendida a la concordia, al entendimiento, a la doble vista de una jornada amigable; la voz en el rompecabezas de la rutina, los actos imprecisos, en los lances imposibles de alguna representación teatral. Esto que os soplo es un milagro a la sombra de un aperitivo vagamente desnudo.

En este mundo blanco, de almas rebeldes; no estoy solo, nunca he estado solo, siempre hay dos o tres o cinco compañeros que me acompañan, que me comprenden y me dan ánimos, que curan y graban a la luz de la última verdad, mis heridas.


lunes, 20 de junio de 2011

LO QUE NOS QUEDA DE LA VOZ




Narran que sus latidos son promesas
y otros perfumes que al fondo del tiempo
nos vuelven como el tacto de los ángeles.

Cuentan que hay puentes
que se levantan
en la imaginación,
para que crucen los extraños.

Lo que importa no es el miedo.
Lo que importa es la voz. La voz lo que nos queda.

La sombra danzarina del verano
nos descubre el secreto, secreto de la sed.
Los extensos cimientos de la noche:
las huellas del humano creador.

Todo, todo se sucede igual que nos lo cuentan.
Los gritos son pañuelos en los ojos
vengativos de las fotografías.
La tormenta, inquietud del hombre.
El silencio, cenizas en el aire.
Las hojas en el suelo,
certezas del otoño.

Solo queda la voz y el dolor
del amanecer todos los días.

martes, 14 de junio de 2011

ATASCO EN LA M-30

De mi último libro: URBANIDADES




Venía de no ver ninguna senda amigable.
Venía de puntillas por ese recorrido,
que cruza el salón de la casa.
No quise perturbar tu sueño.

Venía de ver las estrellas
de las bragas muy blancas
de esa llovizna que lo distorsiona todo
mientras la noche envuelve los regalos.
Venía de muy adentro
arrastrado por mi soberbia.

Quieto, sin poder ir de frente
para rozar la luz o el abismo,
me dejaba mover por el brillo de tus ojos,
por las ecografías de ofrendas momentaneas,
por los paños distantes de algunas emociones
durante muchos meses engolfándome.
Por el humo de todas las velas trapecistas
que convocan cuando no estás, al cuerpo prostituto,
por el aroma mañanero de un buen café.

Aunque casi no me queda arena en el reloj
al otro lado de la ventanilla,
en el carril de mi derecha
duermes, corona de flores mientras yo despierto.

Aunque no vea la luz del final,
ni tu piel, ni tus manos que alargan mi sonrisa,
ni el horizonte tras pasar la puerta:
parece que una vez más continuamos
poniendo la primera agonía que mueve
el aire de los cielos
para volver a ti.

Te prometí que no correría nunca más,
que nunca iría enceguecido,
ni vendría desnudo del asombro,
que te iba a esperar en los lavabos,
en la parte de atrás del arco iris,
sin prisas, averiado en el arcén.

martes, 31 de mayo de 2011

LO QUE NO SE APRENDE EN LA ESCUELA




Tuve que atravesar todos los puentes escritos:
ignorar la voz de muchas cabezas,
respirar el aire de otras distancias,
describir las palabras del color arrecife
serenamente hecho.

Para poder pasar todas las pruebas,
tuve que encender una luz a las bendiciones,
competir como anciano del futuro,
despistar las envidias de la gente.

Para llegar aquí, a este comienzo en construcción
en el envés de alguna inscripción poética,
en las aguas de los ojos de la adversidad:
tuve que prostituir la formación de mi espíritu,
descifrar de las piedras su pornografía,
ver el vacío de las estrellas sin edades,
vestir atuendos de causas y enojos.
Para morir, se dice en las escuelas
que no se necesita casi nada.


“Del Amor el alma aprende un millar de clases de
cultura, tal cultura no se halla en las escuelas”
Yalal al-Din Rumi

“Las cenizas de la marihuana son blancas.
Esto, claro, no se aprende en la escuela"
L.M. Panero

lunes, 9 de mayo de 2011

DE CENIZA A CENIZA





Voy distraído a ti,
exultante y deprisa
incombustible,
actual y catatónico
como el sol que se cuelga
dentro del calendario.

Cuerpo negro encrespándose.
Rojo casi bulímico.
Ópalo que zozobra en tu boca.

Hoy, ya ves, los consejos
de esta generación artificial,
iluminan sin gusto los salones,
el espacio entre el suelo y la ventana,
las historias del polvo
vividas dentro.

Voy de un roce a otro roce.
Piel, de un dulce a otro dulce.
Voy de un cuerpo a otro cuerpo.
Esta noche, de mi cama a tu cama,
se tenderán los puentes del olvido genético.

Voy de voz a voz. Por última vez
de ceniza a ceniza.
Despacio, muy despacio. Recreándome

martes, 19 de abril de 2011

TU BOCA QUE ME VISTE Y ME DESTRUYE




No, no soy yo ese poeta
que aún antes de ir al sueño,
siente como va y se precipita la memoria,
sobre algo incomprensible, sobre todo violento,
sobre nada nuevo que suceda en mi cabeza.

Soy consciente, de cual es la sensación que causan
sobre mi cuerpo las hormigas

Sé que soy, si me miras hoy con detenimiento:
un habitante falso, esa sensación, de que algo
se firma de urgencias dentro del cristal,
el envés depilado de algunas ironías,
la deshonra de la luz de la especie,
aquí alarido que penetra y repta,
allí las horas vivas que emulan a los maestros,
el final anciano que acerca un verso de niño.

Sé que me duele animal esta necesidad
que tengo del latir del mundo,
aunque no me arrepienta
aunque me transparente;
esta necesidad que tengo por recorrer
la lejanía del carmín de una desmemoria:
ésta que viene y me eleva y me ofrece
un parlamento. Dentro va tu boca.
Tu boca que me viste y me destruye

miércoles, 26 de enero de 2011

UNA VERDAD AZUL



Hay algunas verdades
que siempre
nos vigilan,
con su cámara
nueva
de video aficionado.

Verdades de la calle
del oriente humeante,
de la nada
que nunca
terminan de pasar.
De los círculos de la noche
recreándose al nacer

Para un beso continuo,
las dos clásicas piernas
que vuelven
al revés
nuestra memoria